El mendigo que confesó a Juan Pablo II

Hace unos años, en el programa de televisión de la Madre Angélica en los Estados Unidos (EWTN), relataron un episodio inédito de la vida de Juan Pablo II.
Un sacerdote norteamericano de la archidiócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta que conocía a aquel hombre. Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él. Ahora mendigaba por las calles.
El cura, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido.
Al día siguiente el sacerdote llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa, a quien podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno, sintió el impulso de arrodillarse ante el Santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa.
Un día después recibió una invitación del Vaticano para cenar con el Pontífice, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse.

Confesó al Papa

 

El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, le respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: «una vez sacerdote, sacerdote siempre». «Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero», insistió en mendigo, que recibió como respuesta: «Yo soy el Obispo de Roma, me puedo encargar de eso».
El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchará su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente de párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.
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Año Paulino

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El Papa Benedicto XVI anunció oficialmente la celebración de un año jubilar dedicado a San Pablo que comenzará el próximo 28 de junio de 2008 y que culminará el 29 de junio de 2009, con ocasión de los dos mil años de su nacimiento.

Así lo hizo saber el Pontífice durante la celebración de las Primeras Vísperas de los Santos Pedro y Pablo, en la Basílica de San Pablo de Extramuros en Roma.

Este “Año Paulino”, explicó el Papa, “podrá desarrollarse de modo privilegiado en Roma”, ciudad en donde está ubicada la basílica dedicada al Apóstol de Gentes, bajo cuyo altar mayor se conserva el sarcófago con sus restos. Para este año paulino se programará en este gran templo y sus alrededores una serie de actividades litúrgicas, culturales y de distintos tipos que serán anunciadas más adelante.

“En cada parte del mundo, iniciativas análogas podrán ser realizadas en las diócesis, en los santuarios, en los lugares de culto por parte de las instituciones religiosas, de estudio o asistencia, que llevan el nombre de San Pablo o que se inspiran en su figura y sus enseñanzas”, afirmó Benedicto XVI

Cuál eres tu?

 

 

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y de cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo.

Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre el fuego.

En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café.

Las dejó hervir. Sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿Qué ves?”; “Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas.

Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro.

Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: – “¿Qué significa esto, padre?”

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había puesto débil, fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua. “¿Cuál eres tú, hija?, Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes?”, le preguntó a su hija.

¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿Eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido?

¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor.

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas en forma positiva, sin dejarte vencer y haces que las cosas a tu alrededor mejoren, que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumina tu camino y el de la gente que te rodea. Esparces con tu fuerza y positivismo el “dulce aroma del café”.

¿Y tú?, ¿Cuál de los tres eres?

 

 

Hay amigos

Hay amigos eternos, amigos que son de piel y otros que son de hierro.
Hay amigos del tiempo, de la escuela, del trabajo, de la facultad.
Amigos que se aprenden, otros que se eligen, y amigos que se adoptan.
Hay amigos del alma, del corazón, de la sangre.
Hay amigos de vidas pasadas, amigos para toda la vida. Hay amigos que son más que amigos.
Hay amigos que son hermanos, otros que son padres; también hay amigos que son hijos.
Hay amigos que están en las buenas, otros que están en las malas, hay amigos que están siempre. Amigos que se ven, otros que se tocan, otros que se escriben. Por supuesto que hay amigos que se van, que nos dejan; h ay amigos que vuelven y otros que se quedan.
Hay amigos inmortales, amigos de la distancia.
Hay amigos que se extrañan, que se lloran, que se piensan. Amigos que se desean, que se abrazan, que se miran.
Hay amigos de noche, de siestas, de madrugadas. Hay amigos hombres, amigos mujeres, amigos perros.
Hay amigos que deliran, otros que son poetas. Hay de los que dicen todo, amigos que no hacen falta decirlos. Amigos nuevos, viejos, viejos amigos.
Hay amigos sin edad, amigos gordos, flacos. Hay amigos que no nos llaman, que tampoco llamamos. Con poco tiempo, amigos desde hace una hora, desde recién.
Hay amigos que dejamos ir, otros que no pueden venir, amigos que están lejos amigos del barrio.
Amigos de la palabra, amigos de lo ajeno, amigos incondicionales.
Hay también amigos invisibles, amigos sin lugar, amigos de la calle.
Amigos míos, amigos tuyos, amigos nuestros.
Hay muchos amigos; amigos en común, amigos del teatro, de la música, amigos de verdad.
Hay amigos que están tristes, otros que están alegres, otros que simplemente no están.
Hay amigos que se la pasan en la luna, otros en el campo, y otros en el cielo.
Todos, absolutamente todos los amigos tienen algo en común: son INDISPENSABLES!! No lo olviden nunca

Ser cristiano

Por pura casualidad, descubrí en un blog una reflexión sobre el Evangelio del domingo día 20 de julio y al que habían hecho ya muchos comentarios, yo os transcribo el que hice, aunque, sin que sirva de precedente, no es propio pero al que me adhiero.

Al precioso evangelio del domingo día 20, querría simplemente aportar lo que más me llegó de lo comentado en el oficio y que deberíamos tenerlo grabado en la mente y sobre todo en nuestro corazón:

Elige amar en lugar de odiar,
crear en lugar de destruir,
perseverar en lugar de claudicar,
alabar en lugar de criticar,
curar en lugar de herir,
dar en lugar de robar,
actuar en lugar de aplazar,
crecer en lugar de conservar,
comprender en lugar de juzgar,
unir en lugar de separar,
bendecir en lugar de enjuiciar,
compartir en lugar de almacenar, sembrar en lugar de cosechar, vivir en lugar de morir…

Y sabrás por qué mi Palabra es Palabra de vida y mi Evangelio buena noticia.
¡ Deja ya de soñar en rebajas,
y no intentes comprar el Reino!
No te arrastres bajo el peso de la ley;
corre libremente impulsado por el amor

¡EMPIEZA A SER CRISTIANO!

 

Imagen de la semana

Por los caminos asperos hacia las estrellas