Cuaresma: dar y recibir amor

Yo enseñé a caminar a mi pueblo, tomándole por los brazos, pero no sabían que yo los cuidaba. Los atraía con cuerdas humanas, con lazos de amor; yo era para ellos como las personas que alzan a un niño contra su mejilla; me inclinaba y le daba de comer.
¿Cómo voy a entregarte, pueblo mío?, ¿cómo dejarte a tu suerte?.
Mi corazón se convulsiona dentro de mí y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas ¡de tanto amor que os tengo!. Os 11, 3-4.8
El hombre sin Dios recorre caminos, recorre ciudades, vive experiencias, vive de un lado para otro… no tiene frenos, no tiene límites, su estado de ánimo es el compás, la brújula de sus pasos.
Luego muere, nunca hizo nada verdaderamente útil por sí o por el mundo.
Este miércoles 25 de Febrero es Miércoles de Ceniza, con el cual se inicia la Cuaresma.
Lo triste es que la gente ya ni siquiera asiste a la imposición de la ceniza; estarán muy ocupados, cansados, ajetreados, o simplemente no quieren… han descreído de un Dios que los ama, de un Dios que les quiere.
La ceniza recuerda que se es polvo, que se es, por lo mismo, frágil; que se es, no un pecador, sino simplemente alguien que ha herido a los Corazones más sublimes que han latido: los de Jesús y María.
No se asiste a la Iglesia el Miércoles de Ceniza sólo por obligación, sólo porque así dice el sacerdote… ese ir, ese querer reconocer que se es polvo, que se es fragilidad, es un acto de amor.
No es para que vean que se tiene impuesta la ceniza; es para reparar, es para decirle a ese Dios tan bueno: Mira, lo siento, no he sabido llevar las cosas.
Sé que te he lastimado, he hecho que derrames lágrimas, pero aquí estoy para resarcir, para subsanar, vengo a curar tus heridas, a que tu corazón, Dios mío, reciba amor.
La Cuaresma es para dar amor, porque: Amor con amor, se paga Un amor que se ha de expresar a Dios a través de pequeños ratos de oración, de palabras sencillas. Un “Te quiero, Jesús”, al menos una vez al día; un “Te amo, María”, al menos antes de irse a dormir… no es necesario nada grande, ni exagerado; Dios gusta de las buenas intenciones, no de las largas intenciones. Un amor que se ha de expresar a Dios de manera indirecta, es decir, a través del prójimo.
“Antes veía a tal persona de manera prepotente, hoy, porque te amo Jesús, no lo haré”.
“Antes negaba mi ayuda, hoy porque te quiero María, seré solícito ante las necesidades de los demás”.
Un amor que se expresa dejándose amar por Dios, dejándose perdonar por Él, dejándose acompañar por la presencia que ama, por la presencia que me quiere. Amor, amor, amor…
Cuaresma no es para estar tristes, llorando y usando sayales, ¡por Dios NO!. Cuaresma es para andar riendo, sonriendo, cantando, porque sólo cuando se es feliz, se es capaz de dar AMOR, y cuando se da amor, se repara a Dios.

Miercoles de Ceniza: inicio de la cuaresma

El miércoles de Ceniza es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de conversión a Dios.

Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Génesis, 3, 19 y Marcos 1, 15.

La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

El simbolismo de la ceniza es el siguiente:

a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;

b) Situación pecadora del hombre;

c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;

d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo;

La ceniza es el residuo de la combustión por el fuego de las cosas o de las personas. Este símbolo ya se emplea en la primera página de la Biblia cuando se nos cuenta que “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gen 2,7). Eso es lo que significa el nombre de “Adán”. Y se le recuerda enseguida que ése es precisamente su fin: “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19).

Por extensión, pues, representa la conciencia de la nada, de la nulidad de la creatura con respecto al Creador, según las palabras de Abrahán: “Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor” (Gn 18,27).

Esto nos lleva a todos a asumir una actitud de humildad (“humildad” viene de humus, “tierra”): “polvo y ceniza son los hombres” (Si 17,32), “todos caminan hacia una misma meta: todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo” (Qo 3,20), “todos expiran y al polvo retornan” (Sal 104,29). Por lo tanto, la ceniza significa también el sufrimiento, el luto, el arrepentimiento. En Job (Jb 42,6) es explícítamente signo de dolor y de penitencia. De aquí se desprendió la costumbre, por largo tiempo conservada en los monasterios, de extender a los moribundos en el suelo recubierto con ceniza dispuesta en forma de cruz. La ceniza se mezcla a veces con los alimentos de los ascetas y la ceniza bendita se utiliza en ritos como la consagración de una iglesia, etc.

La costumbre actual de que todos los fieles reciban en su frente o en su cabeza el signo de la ceniza al comienzo de la Cuaresma no es muy antiguo.

En los primeros siglos se expresó con este gesto el camino cuaresmal de los “penitentes”, o sea, del grupo de pecadores que querían recibir la reconciliación al final de la Cuaresma, el Jueves Santo, a las puertas de la Pascua. Vestidos con hábito penitencial y con la ceniza que ellos mismos se imponían en la cabeza, se presentaban ante la comunidad y expresaban así su conversión.

En el siglo XI, desaparecida ya la institución de los penitentes como grupo, se vio que el gesto de la ceniza era bueno para todos, y así, al comienzo de este período litúrgico, este rito se empezó a realizar para todos los cristianos, de modo que toda la comunidad se reconocía pecadora, dispuesta a emprender el camino de la conversión cuaresmal.

En la última reforma litúrgica se ha reorganizado el rito de la imposición de la ceniza de un modo más expresivo y pedagógico. Ya no se realiza al principio de la celebración o independientemente de ella, sino después de las lecturas bíblicas y de la homilía. Así la Palabra de Dios, que nos invita ese día a la conversión, es la que da contenido y sentido al gesto.

Además, se puede hacer la imposición de las cenizas fuera de la Eucaristía -en las comunidades que no tienen sacerdote-, pero siempre en el contexto de la escucha de la Palabra

El monje y el pastor

 

Un monje llamado Tauber, famoso por su mucha virtud, encontrase un día con un pobre pastor de ovejas. El buen monje se puso a charlar con él.

 

A la pregunta de quién era, contestó el pastor: “Yo soy un rey”.

El monje añadió enseguida: “Y ¿dónde están vuestros reinos?”.

Y el pastor: “Mi reino está en mi corazón”.

El monje prosiguió: “¿Y vuestros súbditos?”.

Y el pastor: “Mis súbditos son mis deseos, inclinaciones y pasiones, a los que procuro dominar con mano dura”.

 

Maravillado en extremo se quedo el monje al oír unas palabras tan llenas de prudencia en boca de aquel rústico, que sin duda las oyó en algún sermón o las leyó en alguna parte. Ocupado el espíritu por aquellas palabras del pastor, prosiguió el buen monje su camino mientras andaba diciendo para sus adentros: “¡Ojalá hubiese muchos reyes de estos y yo fuese uno de ellos!”.

Quien acierta a dominar los impulsos desordenados de su propio corazón, es verdaderamente un rey.

La vida puede ser un funeral o una fiesta

Todo depenede de ti.

Unos obreros estaban picando piedra frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó; “¿Qué están haciendo ustedes aquí?. El obrero le miró con dureza y le respondió: “¿Acaso usted está ciego para no ver lo que hacemos? Aquí, picando piedras como esclavos por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Vea usted mismo ese cartel. Allí ponen los nombres del Gobernador y del Arquitecto, pero no ponen nuestros nombres que somos los que nos fajamos duro y dejamos en la obra el pellejo”.

El visitante se acerco a otro obrero y le preguntó también qué estaban haciendo. “Aquí, como usted bien puede ver, picando piedra para levan­tar este enorme edificio. El trabajo es duro y está muy mal pagado, pero los tiempos son difíciles, no hay mucho trabajo por allí, y algo hay que hacer para llevarles la comida a los hijos”.

Se acercó el visitante a un tercer obrero y, una vez más, le preguntó qué estaban haciendo. El hombre le contestó con gran entusiasmo y un brillo de plenitud en los Ojos: “Estamos levantando la catedral más hermosa del mundo. Las generaciones futuras la admirarán impresionadas y escucharán el llamado de Dios en el grito de las agujas de sus torres lanzadas contra el cielo. Yo no la veré terminada, pero quiero ser parte de esta extraordinaria aventura”.

El mismo trabajo, el mismo sueldo miserable, la misma falta de reconocimiento. El primero los vivía como es­clavitud. El segundo como resignación. El tercero, como pa­sión, aventura y reto. El primero trabajaba amargado, quejándose siempre. El segundo trabajaba resignado, aceptando el trabajo como un medio de vida. El tercero trabajaba con ilusión, convertía el traba­jo en una fiesta.

Piensa que el mundo es un infierno y lo será. Piensa que este mundo es parte del paraíso y lo será. La vida puede ser un funeral o una fiesta. De ti depende.

No te rindas nunca

hiedraUna vez más, la joven maestra leyó la nota adjunta a la hermosa planta de hiedra.

“Gracias a las semillas que usted plantó, algún día seremos como esta hermosa planta. Le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotras. Gracias por invertir tiempo en nuestras vidas”.

Una amplia sonrisa iluminó el rostro de la maestra mientras por sus mejillas corrían lágrimas de agradecimiento. Como el único leproso que manifestó gratitud hacia Jesús cuando fue sanado, las chicas a quienes les había dado clase en la escuela dominical, se acordaban de agradecer a su maestra. La planta de hiedra representaba un regalo de amor.

Durante meses la maestra regó fielmente la planta en crecimiento. Cada vez que la miraba, recordaba a esas adolescentes especiales y eso la animaba a seguir enseñando.

Pero al cabo de un año, algo sucedió. Las hojas empezaron a ponerse amarillas y a caerse; todas, menos una. Pensó en deshacerse de la hiedra, pero decidió seguir regándola y fertilizándola. Un día, al pasar por la cocina, la maestra vio que la planta tenía un brote nuevo. Unos días después, apareció otra hoja, y luego otra más. En pocos meses, la hiedra estaba otra vez convirtiéndose en una hermosa planta.

Henry Drummond dice: “No pienses que no pasa nada, simplemente, porque no ves tu crecimiento, o no escuchas el zumbido de los motores. Las grandes cosas crecen silenciosamente”.

Hay pocas alegrías más grandes que la bendición de invertir fielmente amor y tiempo en las vidas de otras personas. ¡Nunca, nunca te des por vencido con esas plantas!

Movimiento de Cursillos de Cristiandad (PACARAN – ZUÑIGA)

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“El Cursillo de Cristiandad es un instrumento suscitado por Dios para el anuncio del Evangelio en nuestro tiempo” (Juan Pablo II)

¿Para quién es un Cursillo de Cristiandad?

Dada su forma de anuncio de la Buena Nueva, el Cursillo de Cristiandad se dirige no sólo a los creyentes que buscan profundizar en su vida de fe, sino también a personas indiferentes, no creyentes o alejadas.Tiene sitio en el Cursillo de Cristiandad toda persona que busque, con cierta seriedad, el sentido trascendente de su vida, sea cual sea su forma de pensar y de sentir.La invitación a un Cursillo de Cristiandad no debe hacerse desde una llamada impersonal; es una invitación cordial al conocido, al amigo, al compañero, a la persona insatisfecha que quiera sacarle más jugo a la vida.

¿Qué supone hacer un Cursillo de Cristiandad?

El Cursillo de Cristiandad puede ser una experiencia de fe, altamente gratificante que, en general, ilumina nuestro caminar. Quien lo vive, suele decir que ha vivido los tres días más interesantes de su vida.

 ¿Cuál es la novedad del Cursillo de Cristiandad?

El Cursillo de Cristiandad proclama lo sustancial de la fe, de forma testimonial, cálida, alegre, jubilosa. Como la Buena Nueva que salva al hombre. Más que demostrar grandes verdades muestra vidas, que van siendo tocadas por la fuerza del Espíritu.Este estilo directo, cercano, que se expresa en su talante testimonial, encaja muy bien con la forma de pensar y de actuar de la mujer y del hombre de hoy, que sigue mejor a los auténticos testigos que a los grandes maestros.La proclamación de lo fundamental cristiano en el Cursillo de Cristiandad es llevada a término por sacerdotes y seglares, que apuntalan su testimonio de palabra en el testimonio de su vida, con la convicción de que todo cambio individual tiene resonancias en las realidades en que cada uno se mueve.

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Y después del Cursillo de Cristiandad, qué…

¿Con que apoyos cuenta el cursillista?

Como es muy difícil a cualquiera mantenerse y avanzar solo en la fe dentro de los ambientes probablemente secularizados, Cursillos de Cristiandad:
• A los que están integrados en alguna comunidad, les posibilita una reflexión sobre las exigencias de su vivir cristiano y les invita a regresar, con ánimo reforzado, a la comunidad donde proceden.
• A los que no están integrados en alguna comunidad, ofrece instrumentos para ayudarle en el constante fortalecimiento de su vida cristiana.

 Con la ayuda de Dios estamos reiniciando el movimiento de cursillistas en Pacarán, cuentamos con sus oraciones en esta empresa divina.

Ama hoy, mañana puede ser muy tarde

¿Ayer?…¡Eso hace tiempo!…
¿Mañana?…No nos es permitido saber…

Mañana puede ser muy tarde…
Para decir que amas, para decir que perdonas, para decir que disculpas, para
decir que quieres intentar nuevamente…

Mañana puede ser muy tarde…
Para pedir perdón, para decir: ¡Discúlpame, el error fue mío…!

Tu amor, mañana, puede ser inútil;
Tu perdón, mañana, puede no ser preciso; Tu regreso, mañana, puede que no
sea
esperado; Tu carta, mañana, puede no ser leída; Tu cariño, mañana, puede no
ser más necesario; Tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos…

Porque mañana puede ser muy, muy tarde!

No dejes para mañana para decir: ¡Te amo! ¡Te extraño!, ¡Perdóname!,
¡Discúlpame! ¡Esta flor es para ti!, ¡Te encuentras muy bien!

No dejes para mañana
Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu cariño, Tu trabajo, Tu sueño, Tu ayuda…

No dejes para mañana para preguntar:
¿Puedo ayudarte? ¿Por qué estás triste? ¿Qué te pasa? ¡Oye!…ven aquí,
vamos
conversar. ¿Dónde está tu sonrisa? ¿Aún me das la oportunidad? ¿Por qué no
empezamos nuevamente? Estoy contigo. ¿Sabes que puedes contar conmigo?
¿Dónde están tus sueños?

Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde…muy tarde! ¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!,
¡Intenta una vez más! ¡Solamente el “hoy” es definitivo! ¡Mañana puede ser
tarde…muy tarde!

Busca a Cristo hoy. ¡Mañana pueda ser muy tarde!

Misioneras de Jesús Verbo y Victima (anécdotas misioneras)

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Presentamos los relatos de las hermanas como “anécdotas misioneras” de una trayectoria de misión en los lugares alejados, abandonados y pobres que carecen de sacerdote, según el carisma de su congregación. Las anécdotas describen la total entrega de vida en austeridad, sacrificio, abnegación y alegre servicio de las hermanas Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (MJVV) en tierras de misión,  compartiendo sus vidas con los más pobres y necesitados.

“Sereis luz en el Señor…” (cf. Mt. 5, 14)
Nuestro trabajo es dedicar nuestra vida como misioneras a favor de los más pobres y necesitados, dedicándonos de manera especial a la evangelización y asistencia social en la medida de nuestras posibilidades. Esto lo podemos realizar con eficacia, contando con la generosidad de nuestros benefactores. De este modo venimos trabajando más de 23 años en la parroquia San José de las Tinajas, al término de lo cual podemos dar gracias a Dios por el crecimiento espiritual de nuestros fieles, no así en el orden material, por la misma situación de nuestro país.

Debido a esto en nuestras misiones podemos compartir la carencia de nuestra gente, hasta en lo elemental como son el agua y la luz. La zona de misión no cuenta con fluido eléctrico, por lo mismo no podemos hacer uso de ventiladores ni de calefacción en tiempo de invierno. Las familias acostumbran a alumbrarse con “mecheros” de kerosene o gasoil, es un pequeño frasco con una tela enrollada (confeccionado por ellos mismos) y lo usan escasamente procurando ahorrar el combustible, bien se sabe que la falta de luz es ambiente propicio para que las vinchucas se reproduzcan, pero no tienen otra alternativa. Y nosotras estamos dispuestas a compartir con ellos dicha pobreza. En nuestros largos años de misión experimentamos la alegría de poder servir a Dios en nuestros hermanos más pobres, pero también sentimos la impotencia y las limitaciones de no poder hacer algo más por ellos.

Seguimos extendiendo el reino de los cielos mediante nuestras acostumbradas misiones
Hace poco visitamos cinco comunidades para el día de los difuntos, días anteriores había llovido muchísimo, no obstante teníamos que llegar a dichos lugares, ya que nuestros fieles nos esperaban pues para ellos es este un día muy sagrado, por el afecto que los une con la persona fallecida. De modo que aún en medio del agua teníamos que llegar. Los caminos cuando llueve son pésimos, se estanca el agua por una semana o más tiempo, y al no existir otro modo de llegar a los pueblos, la única alternativa es entrar en el agua, recorriendo largos kilómetros con el temor a ser sorprendidas por alguna “víbora de agua” que no dejan de existir en estos lugares. Después de esta dura aventura que nos lleva varias horas, por fin llegamos a nuestro destino, mojadas, llenas de barro y muy cansadas como es de suponer; pero todo esto se esfuma pronto, cuando vemos que de unos ranchos ocultos, por caminos silenciosos van saliendo nuestros fieles encaminándose a la Capilla, en cuya torre se levanta una campana de bronce, la que con alegre resonancia replica una y otra vez, anunciando la visita de “Jesús Eucaristía”: ¡Dios está aquí, venid adorémosle!

Congregados todos los de buena voluntad, las misioneras nutrimos dichas almas con la predicación de la Palabra de Dios y administramos la Comunión, luego hacemos reunión con los jóvenes o con algún grupo en particular, tratando de compartir momentos muy gratos y esperanzadores para todos. Terminado el día la misionera eleva sus últimas oraciones a Jesús Eucaristía, agradeciendo por todo lo vivido, por la oportunidad de sacrificarse y dar la vida por aquellas almas, a quien Dios tanto ama.
Con el pensamiento puesto en Dios y en las almas a ella encomendadas, descansa la noche en una pieza adjunta a la Capilla, pero muchas veces, compartiendo el mismo techo de la gente, pasamos la noche durmiendo en catres, camas confeccionadas por ellos mismos con madera y cuero de vaca, ubicados a la intemperie bajo un cielo estrellado cuando hace mucho calor, o de lo contrario en una pequeña pieza, con techo de ramas, desde donde se desprenden nuestras amigas las vinchucas. Dicha habitación, generalmente, la compartimos también con algunas gallinas o patos que buscan ese lugar para poner sus huevos o pasar su período de incubación. Y a la mañana siguiente somos saludadas por unos enormes sapos que también han prestado su tiempo “para hacernos compañía durante la noche”. Pero a nosotras, como ya estamos acostumbradas, no nos causa esto extrañeza, además para un cuerpo cansado por la misión del día, llegada la noche no hay lugar de preferencia, aceptamos lo que la gente nos ofrezca: “Nos hacemos todo a todos, para ganarlos para Cristo”. (cfr. 1ª Cor. 9, 19)

“Que hermoso es que los hermanos vivan juntamente” (Sal. 133, 1)
Después de nuestras acostumbradas misiones, de haber recorrido 20 ó 30 Km. en bicicleta, o algunas veces en sulky o zorra. Después de haber dado a Jesús a los demás, a través de la palabra o de algunos sacramentos que la iglesia nos permite administrar. Después de esas arduas misiones volvemos a casa, nuestro convento.

Qué alegría de volver a encontrarnos con nuestras hermanas, en nuestra Comunidad nos esperan corazones kaiserinos, almas generosas que comparten con amable atención nuestras alegres experiencias, haciendo de este modo de nuestros recreos comunitarios una “fuente de alegría” animándonos mutuamente para seguir sirviendo a Jesús sin desmayar. Todo esto a cada una nos hace sumamente felices; una vez más podemos decir: “No hay mayor amor que dar la vida por los demás” (Jn. 15, 13). Que hermoso es ser misionera, bendita gracia que el Señor concedió a cada MJVV.

En cada lugar misión, vivimos 6 ó 7 religiosas, formando una comunidad fraterna, procurando con nuestra vida dar una razón y respuesta a todo aquel que nos pregunte sobre la excelencia de nuestra vocación. La misión la realizamos durante todo el año y siempre a partir de una vida contemplativa y comunitaria, según el espíritu de nuestro Padre Fundador: “Vivan siempre juntas y alegres”.

“Es hermoso ver bajar de la montaña los pies del mensajero que anuncia la paz” (Is. 52, 7)
En una mañana de verano, cuando el sol sale con verdadero ritmo de chacarera nosotras con nuestras bicicletas cargadas, sombrero y cantimplora emprendemos una vez más nuestros largos recorridos, visitando las distintas comunidades de la Parroquia. Algunas están a 10, 20 ó 35 Km. A las poblaciones más distantes vamos en vehículo y luego nos vamos desplazando en bicicleta, con la intención de llegar a todos. Varias horas transitamos por unas pequeñas huellas, internándonos en estos espesos montes, la mayoría son zonas vírgenes, la nota característica de estos lugares es la soledad y el silencio que envuelven a toda la naturaleza, largas horas pedaleamos en silencio, dando gracias a Dios, por el privilegio que la Iglesia nos concede al ser portadoras de Jesús Eucaristía, a quien llevamos sobre nuestro pecho en unas pequeñas píxides, El es nuestra grata compañía y fortaleza en estos caminos polvorientos o llenos de agua en tiempos de lluvia. Qué gran alegría experimenta una al ser adoradora de Jesús sacramentado en estas horas solitarias y silenciosas de nuestra misión “No estamos solas, él va con nosotras”.

Misioneras de Jesus Verbo y Victima

Vivir en este monte santiagueño es como vivir en el paraíso, ya que nuestro silencio muchas veces interrumpido por nuestras amigas las víboras, que salen a los caminos para sorprendernos, que susto al encontrarnos con ellas inesperadamente, pero todo es cuestión de acostumbrarse y perderles el miedo, porque en la misión en tiempo de verano nos vemos generalmente acompañadas por ellas. Recuerdo que un día al estar cenando en casa de una familia y después de la sobremesa, nos disponíamos a retirarnos y, al ponernos de pie, vislumbro a la luz de la luna algo enrollado, inclinándome más puedo observar a una gran víbora que había estado, desde que hora será, junto a la pata de la mesa presenciando nuestra cena… gran susto nos hemos llevado, gracias a Dios no pasó nada. También existen gigantes boas, se alimentan de animales domésticos, gallinas, cabritos, etc. perjudicando la economía de las familias. Con gran pena me contaba doña Marina un día: “Estos animales acaban con mis cabritos”, es una lástima, cuánto sacrificio tiene que pasar para criar sus animalitos y muchas veces no es para provecho de la familia.

“Sed pan partido que se da a los demás”
Nuestra misión no está limitada en el orden espiritual, también atendemos en el aspecto social en la medida de nuestras posibilidades, porque no podemos decir: “Idos en paz calentaos y hartaos, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?” (Sant. 2, 16)

Llevados de esta realidad, la caridad de Cristo nos apremia para socorrer al pobre, al indigente. Por eso atendemos comedores infantiles, como enfermeras aliviamos el dolor corporal del que sufre. Acompañamos muy de cerca en las dificultades y pruebas de cada familia. Damos cursos de educación familiar, fomentando en los jóvenes nuestros ideales de vida, cuánto deseamos que nuestros jóvenes no sean un “hachero más” de esta triste historia, sino que sepan buscar nuevos horizontes tratando de superarse.

Hace poco, hablando con un padre de seis hijos en su campo de trabajo, nos contaba todo el sacrificio que pasan y decía: “Mis abuelos han trabajado en este obraje, mi padre lo mismo, yo también, pero tanto le ruego a Dios que mis hijos sean otra cosa, ellos tienen que estudiar, salir de este monte para que su historia sea distinta”, nosotras por nuestra parte felicitamos esta forma de pensar y los animamos a poner todos sus esfuerzos para que esto se haga realidad. A nuestros jóvenes la falta de recursos les trunca, muchas veces, la posibilidad de plantearse nuevos ideales de vida, ya que se ven imposibilitados de realizarse proyectándose hacia un futuro mejor.

Monseñor Federico Kaiser
A nuestro fundador le debemos una profunda “gratitud”, ya que con su vida, predicación y escritos, trató de modelar nuestras almas, despertando una ardiente pasión por la santa Iglesia, a la que amaba tanto. El mismo decía: “Mi pasión es la Iglesia”. Nos demostró con su vida y misión este encendido amor filial que guardó a su amada esposa, la Iglesia, su misma congregación tiene su origen en este amor. El, como “buen pastor”, trabajó incansablemente por su prelatura de Caravelí, Perú, tenía una convicción muy real al decir que “cada alma vale toda la sangre redentora de Cristo Jesús” y conforme a ello obró, por eso lo vimos dando la vida en sus infatigables misiones, desde muy joven como sacerdote, y más tarde, como obispo.

El programa de su vida está cifrado simplemente en dos palabras: “Verbo y Víctima” (lema de su escudo), sus manuales. Biblia y Cruz. En dichas palabras está contenida toda la espiritualidad de su congregación, como fruto de un verdadero seguimiento a Jesús Verbo, Palabra eterna del Padre y a Jesús, Víctima de los pecadores.

Ayudanos a crear en Yauyos un presente lleno de futuro

Ven conmigo

Llaman a la puerta

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Un artista había pintado un bonito cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso y reconocido pintor.  Llegado el momento, se quitó la tela que tapaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso.

Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si le respondía alguien desde dentro de la casa. 

Todos admiraron aquella preciosa obra de arte. Uno de los asistentes, una persona muy observadora y curiosa, encontró un defecto un deun en el cuadro. La puerta no tenía cerradura. Y fue a preguntar al autor:   “¡La puerta no tiene cerradura! ¿Cómo se hace para abrirla?“ El pintor le respondió:

         “Te has dado cuenta del detalle, y es cierto que la puerta no tiene cerradura. Esto es así porque esta puerta representa el corazón del hombre y el corazón del hombre sólo se puede abrir desde dentro…”

Esta pequeña historia me hizo reflexionar. Realmente si no abrimos desde dentro la puerta de nuestro corazón Dios no puede entrar en nuestra casa, y como Dios respeta totalmente nuestra libertad, nunca forzará la puerta, sólo se limitará a llamar suave e insistentemente. Y si no abrimos será porque estamos inmersos en el jaleo del mundo que no nos deja oir la llamada, o conscientemente no nos atrevemos a abrir la puerta por miedo.

 ¿Con quién nos identificaremos cada uno? Con el que no oye la llamada, con el que no quiere abrir o con el que abre la puerta alegremente para que pase Jesús… Esa es nuestra elección…

Oración de Consagración a María, Nuestra Madre

Bendita sea tu Pureza
y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.

A Ti, Celestial Princesa
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón
mírame con compasión
no me dejes, Madre Mía,
morir sin tu bendición.

Amén

Tupe: un pueblo de fe

tupe

El 02 de febrero en el Distrito de Tupe, se celebra la fiesta en honor a la Virgen de la Candelaria, he tenido la suerte por segundo año de acompañarlos y celebrarles la SANTA MISA. 

Entre otras cosas lo que caracteriza a este publo de los andes es su lengua: el jaqaru o Kauky, cuyos orígenes se remontan a los primeros siglos de nuestra era.

Otro elemento peculiar es la vestimenta de las mujeres y niñas: tunicas de tela roja, estilo escocés; faja roja en la cintura, con iconos de andenería y figuras geométricas; pañuelos color granate que les cubre la cabeza y un manto oscuro y grueso que las protege del frío. Pero lo que más resalta en su vestir son los accesorios que usan las mujeres mayores. En el pecho cuelgan los “topos”, discos enormes de plata labrada en nueve décimas; llamativos aretes que adornan su rostro, dándoles un aire de elegancia. 

Ubicado a 2830 msnm, clima cálido por el día y frío por la noche, es un pueblo esencialmente ganadero, la abundancia de pastos garantiza la crianza y producción de queso. Sus tierras frías son poco aprovechadas. La agricultura es prácticamente de subsistencia, con una producción esencial de papas, maíz y ocas, alimentación básica de los tupinos.
Los hogares son sencillos. El aspecto gris de las piedras, material con que son construidos, crean una sensación de melancolía frialdad. Los techos son de paja y de calaminas.