PENSAMIENTOS SOBRE LA SANTIDAD

I

“Los santos no todos han empezado bien, pero todos han sabido terminar bien. Si hemos empezado mal, procuremos terminar bien e iremos al cielo junto con ellos”

 

II
“La gente dice que es demasiado difícil alcanzar la salvación. No hay, sin embargo, nada más fácil: observar los mandamientos de Dios y de la Iglesia, y evitar los siete pecados capitales; es decir hacer el bien y evitar el mal; ¡no hay mas que eso!”

 

III
“Los buenos cristianos que trabajan en salvar su alma están siempre felices y contentos; gozan por adelantado de la felicidad del cielo; serán felices toda la eternidad. Mientras que los malos cristianos que se condenan, siempre se quejan, murmuran, están tristes… y lo estarán toda la eternidad. Un buen cristiano, un avaro del cielo, hace poco caso de los bienes de la tierra, sólo piensa en embellecer su alma, en obtener lo que debe contentarle siempre, lo que debe durar por siempre.
Ved a los reyes, los emperadores, los grandes de la tierra: son muy ricos; ¿están contentos? Si aman al buen Dios, sí; si no, no están contentos. Me parece que no hay nada que dé tanta pena como los ricos cuando no aman al Buen Dios.
Puedes ir de mundo en mundo, de reino en reino, de riqueza en riqueza, de placer en placer; pero no encontrarás tu felicidad. La tierra entera no puede contentar a un alma inmortal, como una pizca de harina en la boca no puede saciar a un hambriento.”

 

IV
“Si preguntásemos a los condenados: ¿Por qué estáis en el infierno?, responderían: Por haber resistido al Espíritu Santo. Si dejéramos a los santos: ¿Por qué estáis en el cielo?, responderían: Por haber escuchado al Espíritu Santo.”
V
“Hay muchos cristianos que no saben por qué están en el mundo. ¿Por qué, Dios mío, me has puesto en el mundo? Para salvarte. Y, ¿por qué quieres salvarme? Porque te amo. ¡Qué bello y grande es conocer, amar y servir a Dios! Es lo único que tenemos que hacer en el mundo. Todo lo demás es tiempo perdido.”
 

 

VI
“Fuera del Buen Dios, nada es sólido, ¡nada!, ¡nada! La vida, pasa; la fortuna, se viene abajo; la salud, se destruye; la reputación , es atacada. Vamos como el viento. Todo va rápido, todo se precipita. ¡Ah, Dios mío! Hay que compadecerse de los que ponen su afecto en todas las cosas. Lo ponen porque se aman demasiado; pero no se aman con un amor razonable; se aman con amor de ellos mismos y del mundo; buscándose, buscando las criaturas más que a Dios. Por eso nunca están contentos, nunca están tranquilos; siempre están inquietos, siempre atormentados, siempre nerviosos.
Ved, hijos míos, el buen cristiano recorre el camino de este mundo subido en una bonita carroza de triunfo; esta carroza es arrastrada por ángeles y es Nuestro Señor quien la conduce. Mientras que el pobre pecador está enganchado al carro de la vida y el demonio está en el asiento y le hace avanzar a golpes de látigo.”
José P. Manglano, Orar con el cura de Ars, DDB, pág 12-19
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