Mi proyecto de vida

MATERIAL

I. Hoja de trabajo.
II. Un lápiz para cada participante.

DESARROLLO

I. El Facilitador distribuye a los participantes la hoja de trabajo “Mi Proyecto de Vida”.
II. El Facilitador solicita a los participantes que contesten la hoja de trabajo y les indica que sean concretos y que omitan enunciados demasiado generales o vagos.
III.Terminada la actividad anterior, el Facilitador invita a los participantes a que voluntariamente compartan sus proyectos con el grupo.
IV.El Facilitador guía un proceso, para que el grupo analice como se puede aplicar lo aprendido a su vida.

HOJA DE VIDA

Teniendo en cuenta lo que significa la vida para nosotros, aquello que hemos aprendido y el modo en como la utilizamos; vamos a reflexionar en como nos gustaría realmente utilizarla.

Debemos plantear la vida, realmente como algo terminal. Es decir, como si se nos escapara de las manos, y para entenderlo bien, para que los participantes sean conscientes de todo aquello que debemos ser conscientes vamos a plantear la situación más drástica posible.

Imaginemos que nos quedan 24 horas de vida, y ante este supuesto contestemos el cuestionario.

I. ¿Qué me gustaría hacer? (10 cosas)

II. ¿Cómo lo haría? (cada una de esas 10 cosas)

III. ¿Para qué lo haría? (cada una de esas 10 cosas)

IV. ¿Cambiaría algo de mi vida?

Finalmente reflexionaremos sobre todo aquello que nos ha planteado la dinámica, y hasta donde el grupo ha sido capaz de sensibilizarse ante una realidad de la que no somos plenamente conscientes habitualmente.

Los amigos

Los amigos, a veces
no necesitan palabras,
solo con mirarse
se dicen mil cosas
y comparten, una manera
especial de ver la vida.

Los amigos, a veces,
se dicen palabras duras,
se discuten, se hieren
y se reconcilian con un abrazo.

Los amigos
siempre dicen la verdad,
aunque duela,
aunque no sea sencillo.

Los amigos
son dos almas
que aprenden juntas
la sinceridad,
la solidaridad, la alegría.

El buen camino

Mirando a través del espejo de nuestra propia mirada, al pensar que somos tan solo seres mortales, creaciones fugaces que como rápidos cometas pasamos rayando la realidad, dejando nuestra breve impronta en el firmamento de nuestro mundo, nos damos cuenta de muchas cosas, empezando a vislumbrar los matices de lo realmente importante, comprendiendo la razón de ser de muchas de las cosas que a veces no comprendemos y llegando a conocer, aunque sea tan solo por unos instantes, la verdad de aquello que nos rodea, que realmente importa, y que casi nunca nos paramos a contemplar.

En esos momentos es cuando realmente somos conscientes de apreciar los pequeños detalles a los que a diario no prestamos la atención que realmente merecen, convirtiéndolos en meras rutinas, en simples pautas que se repiten como un juego del día a día, no percatándonos de su importancia.
Cuando un niño te sonríe al fijar tu mirada sobre él, cuando un amigo o amiga te muestra su cariño y apoyo en cualquier situación, por muy simple que parezca, cuando mamá te abraza y te dice “te quiero”, cuando tu pareja te da un beso nada más verte….. y podríamos seguir nombrando y numerando tantas y tantas situaciones cotidianas…..

Sólo cuando algo nos falta, cuando algo falla en la precaria burbuja de nuestro mundo, nos damos cuenta de lo que de verdad nos importa, y si en estos casos no es así, desgraciados somos, que no sabemos distinguir el valor de las cosas, y ante esto sólo cabe plantearnos si realmente nos las merecemos.

¿Realmente es tan importante el orgullo?, ¿realmente son tan importantes las cosas materiales?, ¿son tan importantes las diferencias políticas o religiosas?, ¿lo son las discusiones por nimiedades?….

Si encontramos respuestas, estamos en el buen camino

Sentimientos

Sonrío

Aunque la vida me golpee
Aunque no todos los amaneceres sean hermosos
Aunque se me cierren las puertas
Sueño

Porque soñar no cuesta nada y alivia mi pensamiento
Porque quizás mi sueño pueda cumplirse
Porque soñar me hace feliz

 

 

Lloro

Porque llorar purifica mi alma y alivia mi corazón
Porque mi angustia decrece, aunque solo sea un poco. . .
Porque cada lágrima es un propósito de mejorar mi existencia

Amo

Porque amar es vivir
Porque si amo, quizás reciba amor
Porque prefiero amar y sufrir, que sufrir por no haber amado nunca
Comparto

Porque al compartir crezco,
Porque mis penas, compartidas, disminuyen,
Y mis alegrías se duplican. . .

Sonrío, sueño, lloro, amo, comparto. . .

¡¡¡ Vivo !!!
Y por ello doy gracias por un día más

¿Por que un católico se hace protestante o sectario?

La estrategia del pandero

Dos son las estrategias del proselitismo protestante aprovechando la ignorancia religiosa de algunos católicos (por no decir “muchos”), para embaucarlos y jalarlos a sus iglesias. Una tiene que ver con el corazón, la otra con el estómago. La primera compra la fe con canciones y otras glotonerías sentimentales con las que se halaga a esa maquinita del pecho. La segunda es menos sutil: compra la fe con despensas, estrategia preferida por numerosas sectas norteamericanas que “valientemente” zambuten las manos en los lodos del tercer mundo sabiendo que a la vuelta en avión les esperan en casita sábanas limpias. Esta vez me referiré a la primera: la estrategia del pandero.

Sabido es que las iglesias protestantes estimulan machaconamente el proselitismo entre sus miembros. De hecho sus asambleas terminan casi invariablemente con la exhortación de traer a un invitado para la siguiente reunión.

Y claro, el recibimiento apoteótico de los aplausos cae en blandito, como se dice, en el corazón del invitado quien, como nunca recibió ese halago en la Iglesia Católica ni albergaba la esperanza de aparecer en el programa de Cristina, ahora puede sentir que por fin se le hace justicia, sobre todo si entre los aplausos divisa la carita sonriente de la muchacha que conoció el viernes pasado y que a esa reunión lo llevó de la mano. Si hiciéramos una encuesta entre los ex-católicos que ahora profesan una religión protestante nos sorprenderíamos de descubrir que sus razones no son doctrinales, sino más bien de una índole psicológica que tiene que ver más con un “sentir bonito” que con una convicción.

Y claro, cómo no se van a “sentir bonito” si en esas reuniones la música que presuntamente es para “el Señor” en realidad la tocan los presentes para auto complacerse con ella palmeando el ritmo bailable desde sus lugares mientras, al frente, el grupo de músicos con guitarras eléctricas, un órgano y los infaltables panderos se contonea y baila como lo haría algún otro grupo musical en el espectáculo de un antro cualquiera.

Es verdad que la inducción sugestiva del pastor protestante puede llevar la asamblea a estados de delirio en que la concurrencia experimenta crisis catárticas de llanto creyendo que “eso” es Dios. Es más, los buenazos de nuestros entrevistados podrán decir: “Aquí sí sentí a Dios” con los ojos desorbitados, cuando lo mismo podría haber logrado un hipnotizador con el público que le ha entregado su voluntad pagando un boleto para ver un espectáculo en el que él mismo ha terminado por hacer el show.

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Si procediéramos en nuestra encuesta indagando las razones por las que nuestros entrevistados dejaron la religión católica nos sorprenderíamos de encontrar un patrón de regularidad en sus respuestas, entre las que figuraría con el número uno sin duda esta: “Yo en la Misa católica no sentía nada”, y en la que se deja ver una vez más la idea equivocada de vivir la religión como una cuestión emocional. Buscando desvalorar la Misa agregarían (y muchas veces con razón) que las homilías aburridas del padre no les aportan nada, como si el valor de la Misa dependiera de ello. Y es que se suele ignorar que la homilía bien puede valer un rábano sin que por ello empañe un ápice el valor de la Misa. Diga lo que diga el padre, con o sin razón, cuando levanta las manos y consagra el pan y el vino, no hay de otra que arrodillarse, porque en ese preciso momento Jesucristo, bajo la apariencia Logo de Ex-Testigos de Jehovádel pan y el vino repite su sacrificio para salvarnos. Contra esto no hay pandero que suene. El valor sagrado e inconmensurable de la Misa, de la liturgia católica está en la Eucaristía y no tiene parangón con el de ninguna otra iglesia.

Y aún, como quien tratara de complacer una afición personal: jugar al tenis o ver una película, la ciega necedad podría incluso hacer decir a nuestros entrevistados que la Misa no les gusta y que si no van a estar a gusto es mejor no ir. Lo cierto es que a Misa no se va por gusto sino por obligación. Sea la religión que se profese, como criaturas hechas por el dios que alabamos según esa fe nos debemos a ese dios y es nuestra obligación rendirle culto aunque no nos guste. Lo hicieron los aztecas sacrificando corazones palpitantes, ¿y no lo haremos nosotros cuando el sacrificio máximo del Hijo de Dios únicamente espera de nosotros que abramos la boca y el corazón al tomar la ostia?

“Pues yo le rindo culto a Dios en mi casita”, dirá aún el más indolente. Lo cual está muy bien, pero también somos Iglesia, somos el pueblo de Dios, y como tal colectivamente lo adoramos y le rendimos culto en la Santa Misa.

Dios es una experiencia bastante más alejada de toda esa sensiblería escandalosa en que se regodean tantos grupos protestantes. La experiencia de Dios es mucho íntima y personal que el zangoloteo frenético; mucho más sosegada que todos esos aspavientos con los que esas sectas se confunden. Por el contrario, son el recogimiento, la meditación y la oración, los estados apacibles del alma que verdaderamente nos predisponen a la voz de Dios.

La alegría de saber elegir bien

1. ¿Qué es la Vocación?

 El término vocación viene de «vocare» que quiere decir LLAMAR; se trata de la voz de Dios que llama permanentemente al hombre, primero a la existencia, después a la vida cristiana y, más tarde, a un determinado estado de vida.

Dios llama al hombre desde el principio (Gen 1,26-27) a ser su imagen y semejanza, para que de esta manera pueda estar en comunión con Él. Por el Bautismo nos llama a ser sus hijos, porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Esta voluntad de Dios Padre se hace llamada para los hombres en y por Jesucristo, y se prolonga para nosotros en el Espíritu que Él mismo nos ha enviado.

 2. Elementos de la Vocación

 Ø      Llamada
Es la iniciativa gratuita y amorosa de Dios.

Ø       Respuesta
Es la disponibilidad del hombre que responde al llamado y compromete toda su vida al seguimiento de Jesús. La respuesta es personal, libre, consciente, responsable y tiene como fundamento una profunda inspiración y experiencia de fe. La persona responde dentro de una situación histórica concreta.

Ø       Misión
Dios llama siempre a una misión, que es, la tarea evangelizadora que el Espíritu encomienda a la Iglesia. La misión toma rasgos específicos en cada uno de los llamados.
Dios nos llama de manera personal y única, así como también la misión que nos encomienda es personal y única.

 3. Tipos de Vocaciones

 Vocación Laical – Con dos estados de vida que son:
– El matrimonio (viudez)
– La soltería

 Vocación al Ministerio Ordenado
Que es el Orden Sacerdotal (existen también misioneros

 y religiosos que a la vez son sacerdotes).

 Vocación a la Vida Consagrada
Con sus diversas formas:
– Vida religiosa contemplativa
– Vida religiosa apostólica

 4. Signos de la Vocación

 Es importante tener bien claro que Dios, al darnos la vocación, no se comprometió a revelárnosla de manera extraordinaria, ni de una determinada forma. Sabemos que, en algunas ocasiones ha sido así, pero no siempre.

En la Sagrada Escritura vemos los diferentes llamados desde Abraham, Isaac, Jacob, los Profetas… hasta Saulo de Tarso en el Nuevo Testamento.

Se trata de un llamado explícito; habitualmente es en el camino ordinario donde Dios quiere que cada uno busque y encuentre su propia vocación, descubra su plan de amor universal y se ubique exactamente en él. Por tanto, cada uno debe buscar su vocación personal hasta encontrarla, valiéndose de los medios a su alcance y confiando en la ayuda de Dios.

 Hay algunos principios fundamentales que nos pueden ayudar a iluminar, a clarificar la búsqueda y el encuentro de nuestra propia vocación.

Todas las vocaciones llevan a la felicidad, sin embargo sería equivocado concluir que uno puede elegir cualquier vocación; sabemos que cada uno estamos llamados a una vocación específica y es indispensable tener o adquirir las cualidades o virtudes necesarias para ello.

La vocación no se identifica con la inclinación.

Para que nuestra vocación sea válida necesitamos la aprobación de personas competentes y hay que decidir con rectitud de intención.

No existen métodos infalibles para encontrar la vocación, pero es menos difícil que se equivoque quien hace un conveniente discernimiento, busca ayuda, ora mucho; pues como cristianos no podemos olvidar que Dios está siempre a nuestro lado: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

Él nos cuida, nos ilumina, Él es el primero que desea nuestra felicidad y que sea larga si la conseguimos, por algo nos dijo: “Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá; porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama se le abre” (Lc 11,9-10).

 5. Motivaciones de una Vocación

Comprender qué son las motivaciones vocacionales para clarificar la autenticidad de nuestras propias motivaciones en un serio discernimiento.

Hay dos tipos de motivaciones: conscientes e inconscientes:

Una motivación es una razón profunda de actuar.

Es el “motor” que mueve nuestra energía, nuestros esfuerzos hacia un fin. Nos permite “dar razón”; es el por qué y el para qué de lo que hacemos.

• Las motivaciones conscientes son aquellas que aparecen directamente como razón de nuestro actuar; son claras, definidas y están a nuestro alcance en lo que hacemos.

• Las motivaciones inconscientes responden a situaciones interiores, conflictos no resueltos, mensajes que se han quedado guardados en nuestro interior y que no afloran libremente ya sea por bloqueos, temores, educación, etc.

En la búsqueda de la vocación puede haber, mezcladas, motivaciones verdaderas y erróneas.

Claro que deben prevalecer las verdaderas y a lo largo del proceso vocacional deberán clarificarse, purificarse y definirse las otras motivaciones.

En algunos casos, detrás de una vocación “aparentemente buena” existen motivos como: el miedo al matrimonio, la incapacidad de relacionarse positivamente con jóvenes del otro sexo, el miedo a enfrentar el futuro, el miedo al compromiso.

 En qué habrá que fijarse:

 • Recta intención.
• Dotes o cualidades psíquicas y morales: equilibrio afectivo, aceptación de la propia realidad histórica, libertad, capacidad para superar frustraciones…
• Dotes intelectuales.
• Dotes espirituales: sentido de Dios, inclinación a la oración, espíritu de sacrificio, sentido de Iglesia, espíritu de obediencia, celo apostólico, espíritu de pobreza y castidad.

 6. Pasos

 La vocación no consiste solamente en el llamado que Dios hace a la persona, para que el proceso o el camino se complete. Cada uno debe dar a Dios una respuesta y para poder dar esa respuesta correctamente es necesario seguir un proceso para que la decisión tomada nos llene de paz y de contento por ser de acuerdo con la voluntad de Dios.

La vocación, o el llamado para consagrarse a Dios, es el regalo más preciado que puede recibir cualquier persona de parte de Dios mismo. Se puede comparar con una joya hermosísima que te da Dios, pero si no respondes con prontitud, con entusiasmo y el interés que Él espera de ti, te la retira y se le da a otra alma más generosa que tú.

También se puede comparar con una flor hermosísima; Dios, con su llamado, la siembra en tu corazón, pero de ti depende cuidarle el suelo, regarla y abonarla para que nazca, crezca y se conserve hermosa siempre.

 Siguiendo el camino para responder a la vocación hay que dar algunos pasos importantes:

• Considera que la vocación a la Vida Consagrada es el regalo más grande que da Dios a las almas por las que tiene especial predilección.

• Asume por ello una actitud de profunda gratitud y humildad, pues la única razón por la que Él llama es porque ama mucho.

 • Pon tu vocación en las manos de María, conságrasela, entrégasela, ahí nadie podrá hacerte daño.
• Intensifica tu relación con Dios a través de la oración: haz de Jesús y de María tus mejores amigos; recuerda que ellos están contigo siempre, te aman, te escuchan, te entienden. Regálales tus actos de caridad, sirve a ellos a través de tus hermanos.
• Tu vida debe ser coherente con tu inquietud de consagrarte a Dios; para ello debes tener en cuenta tu realidad y en la vida diaria ser siempre sincero contigo mismo y con los demás. ¿Como? Rechazando el pecado, por pequeño que parezca; frecuentando los Sacramentos, tanto como te sea posible (Misa, Comunión, Confesión); buscando cierto recogimiento que te ayude a cuidar tu vocación.
• Procurar que tu alma y tus sentidos estén abiertos a la gracia, para que puedas percibir en tu interior claramente la voluntad de Dios; recuerda que Dios habla a través de los acontecimientos o de signos, que el ruido del mundo impide conocer o valorar.
• Busca la Dirección Espiritual de una persona prudente. Puede ser un sacerdote y sé siempre muy sincero con él y contigo mismo. Recuerda que no es conveniente buscar “consejo” de todos (amigos, amigas, parientes, etc.), pues la decisión que quieras tomar es cosa solo de Dios y de tu alma; ellos pueden apreciarte mucho, pero no son los indicados para que acudas en este caso.

Carta abierta a las que desean abortar

Querida mamá:  

Perdona que te llame así, pero para mí continuarás siendo mi madre por toda la eternidad. ! Cuánto siento que no me hayas permitido llegar a nacer! Alegaste como uno de tus motivos, que te aquejaba una gran debilidad, debido a que tenías vómitos y tensión nerviosa. Sin embargo, estos son síntomas comunes de los primeros meses de embarazo que sufren muchas como tú, y los consideran sólo una pequeña inconveniencia en comparación con la gloria y el privilegio de llegar a ser madres. Dijiste también que te sentiste abandonada por mi padre, y por esto me abandonaste a mí en las manos del abortero. ¿Acaso fue culpa mía haber sido creado en el transcurso de una aventura amorosa, en la cual quizás buscabas cariño, comprensión o compañía? Comprende que yo también necesitaba todo esto, y que sólo fui una víctima inocente de un momento de pasión.

 

 

Dijeron los que te aconsejaron el aborto, que había posibilidades de que yo tuviera un defecto, y por eso yo debía ser sacrificado antes de que pudiera nacer. ¿Me hubiera hecho ese defecto, mamá, menos hijo tuyo o menos humano, o con menos derecho a la vida que los demás? ¿Acaso no somos todos creados por el mismo Dios e iguales en dignidad ante Él? ¿Es que sólo los “perfectos” o los que son deseados por sus padres tienen ahora el derecho a nacer?

Declaraste públicamente que no querías que te practicaran el aborto, porque pensabas que al permanecer embarazada quizás te tendrían lástima y te permitirían quedarte en EE.UU. Uno de los que te aconsejaba comentó que esto es una importante razón para no desear un aborto.

Quisiera haberle podido gritar públicamente que la razón más poderosa, la que posiblemente nadie te expuso, era que aunque yo no había nacido todavía, era un ser humano, no un pedazo de carne o un coágulo de sangre como dicen algunos. Mi corazón — ese corazón que podía haberte querido mucho — comenzó a latir a los 21 días de concebido y mi cerebro comenzó a funcionar a las seis semanas. Aunque sólo contaba 10 semanas de concebido al morir, ya tenía manitas, que tanto te podían haber acariciado — y pie cesitos, que podían haber corrido tras de ti. Mis manitas ya tenían huellas digitales — huellas que mostraban mi identidad y mi individualidad.

Mamá: ¡sé que de haberme podido ver y conocer me hubieras querido! Aunque tú todavía no sentías mis movimientos, porque era muy pequeño, yo me movía dentro de ti, crecía y esperaba que llegara el momento de que me recibieras en tus brazos como te recibieron a ti cuando llegaste, brazos amigos que te ayudaron.

Viniste a EE.UU. después de muchos sacrificios, para poder disfrutar de los tres principales derechos humanos que garantiza la Constitución de esta gran nación: el derecho a la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad. Sin embargo, mamá, en tu afán de conseguir esos derechos para ti misma, quizás te olvidaste de otorgármelos a mí.

Sé que has dicho que hay cosas que hay que hacerlas, refiriéndote al aborto que te aconsejaron. Ruego a Dios por ti, para que te perdone, porque yo creo que no sabes lo que has hecho, y el día que de veras lo sepas, quizás tu dolor y tu arrepentimiento serán muy grandes. Ese día, cuando abras los ojos del alma, sabrás que yo como tú tenía, no sólo un cuerpo, sino también un alma inmortal. Recuerda en ese día que Dios es misericordioso, y que no hay falta por grave que ésta sea, que El no pueda perdonar. Recuerda también que yo, a pesar de todo, siempre te querré y esperaré conocerte algún día en la eternidad.

Tu hijito.

La Biblia dice: ” No matarás al inocente y justo..” (Éxodo 23,7). ” No matarás ” (Éxodo 20,13). “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:8)