Aniversario Sacerdotal del Padre Julio Ontiveros

Padre Julio OntiverosLa semana pasada el Padre Julio Ontiveros cumplia 30 años de sacerdote. Y lo celebró tanto en Lima como en San Antonio. El día miérocoles 02 de Junio la primera misa de acción de gracias fue en la Iglesia de las Nazarenas donde se encuentra la imagén del Señor de los Milagros.  Y por la noche lo celebró cons sus feligreses de San Antonio y Flores.

Ser sacerdote en estos tiempos es una dicha y un reto, por que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él…

 Por que cuando un sacerdote, celebra en el altar, tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios…

Para los que recien empezamos el ministerio es una gran motivación para avanzar en la barca de Cristo.

Felicidades Padre Julio.

“Nos duelen y lastiman las incoherencias en las que tantas veces incurrimos”

HACIA EL AÑO SACERDOTAL. CARTA DE LOS OBISPOS ARGENTINOS A SUS SACERDOTES

Publicamos la carta que ha enviado la Conferencia Episcopal Argentina al concluir la 97ª Asamblea Plenaria, el 16 de mayo, con motivo del Año Sacerdotal que ha convocado Benedicto XVI.

Queridos hermanos:

Nos disponemos a comenzar el próximo mes de junio el “Año Sacerdotal especial”, propuesto por el Papa Benedicto XVI al cumplirse los 150 años de la muerte del Santo Cura de Ars. El Santo Padre nos invita a meditar sobre la fidelidad de Cristo y la fidelidad del sacerdote. Por eso llegamos hasta ustedes para agradecerles su fidelidad ministerial, animarlos, e invitarlos a renovar la alegría de la fe, la firmeza de la esperanza y el gozo del ministerio recibido. Comprendemos y compartimos las dificultades y exigencias del tiempo que vivimos. Somos conscientes de que la mies es mucha y los trabajadores pocos. Sufrimos el sentimiento de impotencia ante tantas situaciones que nos desbordan. La profunda crisis que estamos viviendo, potencia los cuestionamientos morales. Nos duelen y lastiman las incoherencias en las que tantas veces incurrimos.

Sin embargo, en esta carta, como padres, hermanos y amigos, con ustedes damos gracias a Dios por el don inmenso del sacerdocio ministerial que hemos recibido de Jesucristo. También queremos dar gracias a ustedes, con quienes compartimos juntos la hermosa misión de anunciar el Evangelio en medio de tantas dificultades y desafíos. Deseamos que sientan nuestra cercanía; reconocemos y admiramos la entrega fiel y generosa de la inmensa mayoría de nuestros sacerdotes. Nos sentimos especialmente cercanos a quienes atraviesan momentos de tribulación o viven su ministerio en situaciones de particular exigencia: periferias urbanas y rurales; soledad, enfermedad, pérdida de sentido de la acción pastoral; incomprensión y desaliento.

Como San Pablo decimos: Cristo “me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20). Y como “el amor de Cristo nos apremia” (2 Cor 5,14), sentimos la urgente necesidad de anunciar a otros la Buena Nueva hasta exclamar con el Apóstol: “Ay de mí si no predicara el Evangelio” (1 Cor 9,16)

Este amor de Dios, manifestado en Jesucristo, ha llegado a nosotros de manos de la Iglesia, que nos engendró a la fe y nos llamó al ministerio después de un largo, sereno y responsable discernimiento. El mismo amor de Dios se nos sigue manifestando cotidianamente, a través de la comunión presbiteral y del servicio al pueblo santo de Dios que es la razón de ser de nuestro ministerio.

En efecto, queridos hermanos, el sacerdocio es Misterio de Amor recibido y entregado, actualizado cada día en la celebración eucarística y en el don generoso de la propia vida “hasta el extremo” (Jn. 13,1). Es hermoso vivirlo con radicalidad, como todo amor verdadero. Por eso la Iglesia ha visto desde sus inicios una múltiple armonía entre sacerdocio y celibato y llama al ministerio presbiteral a quienes han recibido y aceptado libremente vivir este fecundo carisma de entrega total. Asumidos por Cristo Cabeza y Esposo, los sacerdotes estamos llamados a ser signos fecundos del amor de Cristo a su Iglesia, pastores y padres de la comunidad. Esta verdad sólo se puede comprender y vivir a la luz de la fe, animada por el fervor de la caridad, en la espera gozosa de la plenitud del cielo.

Pero como todo amor humano es vulnerable, -“llevamos este tesoro en recipientes de barro” (2 Cor 4,7)-, necesitamos también acoger la invitación de San Pablo a Timoteo: “te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos” (2 Tim, 1,6). La lectura orante y la predicación de la Palabra de Dios; la celebración gozosa de la Eucaristía y de toda la liturgia; el servicio fiel, paciente y generoso a los fieles, sobre todo a los pobres y enfermos, son el camino indispensable para ir forjando cada día más en nosotros los sentimientos y la imagen de Jesús, el Buen Pastor.

En este año de gracia, los sacerdotes recogemos el testimonio de san Juan María Vianney, modelo de pastor siempre actual. También evocamos al Venerable José Gabriel Brochero y al Siervo de Dios Eduardo Pironio y a tantos sacerdotes, discípulos misioneros de Jesús Buen Pastor, que nos han precedido en el ministerio, han sembrado la Palabra de Dios y han derramado la vida nueva de la redención a lo largo y a lo ancho de nuestra Patria. Ellos nos ayudan con su intercesión y nos estimulan con su ejemplo para continuar nuestro camino y cumplir la misión que recibimos del Señor Jesús: dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios…(Hch 20,24). Que nuestra humilde fidelidad sea causa de alegría y de paz para nuestros hermanos.

Encomendamos la vida y el ministerio de cada uno de ustedes a la ternura maternal de la Virgen de Luján y los abrazamos con afecto y gratitud.


 

Los obispos de Argentina

Por que seguir esperando, si es El quien te llama?

No hay nada más hermoso que ser alcanzados, sorprendidos por el Evangelio, por Cristo”.

(Benedicto XVI)

La vida es breve y hay que gastarlo bien…

¿Por que las mujeres no pueden ser sacerdotes?

La cuestión ha sido planteada minoritariamente por eclesiásticos que han creído interpretar el sentimiento de algunas mujeres de nuestro tiempo, y ha dado lugar a los inevitables comentarios de una prensa ávida de noticias sensacionales, presta a encontrar fisuras en el cuerpo de la Iglesia.
Los propugnadores del sacerdocio femenino han buscado argumentos de índole muy variada para apoyar su propuesta. Entre todos ellos, se pone especial énfasis en aquellos que manifiestan mayor seriedad.

1) Adecuación de la Iglesia a las características de la sociedad moderna

Tras siglos de opresión, la mujer se sitúa hoy en una actitud reinvindicadora (el deseo de otorgarles el sacerdocio no procede, sin embargo, de una actitud de emancipación feminista, sino que ha sido promovido por eclesiásticos principalmente). La Iglesia debe acoger institucionalmente y a todos los niveles esta actitud, y superar así su pasado antifeminista.

Aquí, es fácilmente observable tan sólo una concepción humana de la Iglesia, como si ella pudiera rectificar su esencia constitutiva. Su estructura fundamental no deriva de la sociedad, o de la cultura, o de la mentalidad de su tiempo. La Iglesia no puede pretender hacerse creíble o aceptable para los hombres a base de dejar de ser lo que es, aunque hubiese una opinión mayoritaria que lo reclamara: como Cristo, será siempre al no de contradicción, necedad para algunos y escándalo para otros, fiel a la voluntad divina expresada por la Revelación, conservada en su fe y en su vida de modo continuo y homogéneo, por veinte siglos, con la asistencia del Espíritu Santo.

2) Igualdad de derechos entre el hombre y la mujer.

Es muy justo hablar de igualdad de derechos del hombre y de la mujer en la sociedad civil, en base a su condición de personas, y en base a que la naturaleza humana es una y la misma en el hombre y en la mujer. También es muy justo hablar de la igualdad radical de todos los fieles en Cristo: igualdad en su común dignidad de hijos de Dios por la gracia, igualdad en la vocación universal a la santidad y a la bienaventuranza en el Cielo, igualdad también del deber fundamental de cooperar activamente en la salvación de las almas. Todo eso comporta también una cierta igualdad de derechos en la Iglesia (aunque aquí conviene usar de una cierta cautela al hablar de derechos: porque, en este orden sobrenatural, dependen de lo que Dios haya querido libremente concederle. Todos los fieles-el varón como la mujer-han sido igualmente regenerados por Cristo en el bautismo y hechos participes de su misión salvadora.

Sin embargo, ningún fiel-ni varón ni mujer-tiene realmente ningún derecho al sacerdocio ministerial. Como en el caso de la elección de los apóstoles y del apóstol de las gentes, es Dios quien llama al sacerdocio a quien quiere, cuando quiere y como quiere: “Nadie se arrogue esa dignidad, si no es llamado por Dios, como Aarón”.

El orden sagrado no está en la linea de los derechos de los fieles, no es como el desarrollo normal del sacerdocio común de todos. El sacerdocio ministerial es un don peculiar, por el que Cristo asume a algunos para que obren en Su nombre con Su autoridad, para prestar a la Iglesia un ministerio peculiar .Como gratuitas y no debidas a los hombres fueron la Encarnación y Redención, gratuitas y no debidas son las condiciones establecidas por Dios para escoger a algunos para el ministerio sacerdotal.

Esto no se opone a la igualdad fundamental de los fieles, ni divide a los cristianos en dos categorías: argumentar de otra modo conduciría a un clericalismo demagógico, como antes tuvimos otro seudoaristocrático. La Virgen Maria, venerada con un culto especial, muy por encima de los santos, nunca tuvo un grado jerárquico en la Iglesia.

3) La prohibición procede de una cultura y una mentalidad paganas.

Los propulsores del sacerdocio femenino argumentan que Cristo eligió sólo hombres por los condicionamientos sociales de la época y la influencia de la mentalidad pagana. La elección de varones sería simplemente un hecho histórico superable. Además, pese a las influencias paganas en la primitiva cristiandad-añaden-, se confirieron determinados ministerios a mujeres.

El Señor escogió como apóstoles a doce varones. Le seguían y servían mujeres-algunas más fleles y enérgicas que los apóstoles-, pero no las llamó al ministerio sacerdotal. Quienes piensan que Cristo se dejaba influir en ello por el ambiente, muestran, además de una actitud irreverente, una total incapacidad para conocerle: los Evangelios dan testimonio más que suficiente de su superioridad sobre los condicionamientos externos.

Por otra parte es gratuito afirmar que la elección exclusiva de varones fue un hecho y no manifestación de una voluntad expresa y perdurable: la Revelación se nos comunica con palabras y con obras, y además no sólo consta en la Escritura, sino también en la Tradición, y según la proposición autorizada del magisterio unitario y permanente.

La alusión a que la mentalidad pagana dificultaba la elevación de la mujer al magisterio sacerdotal, está mal traída, porque no es cierta: precisamente en el mundo pagano contemporáneo de la Iglesia primitiva eran frecuentes las sacerdotisaa, las vestales, etc., y, en cambio, las diaconisas de la Iglesia sólo realizaban oficios asistenciales, de preparación catequética, etc. No hay precedente alguno sobre el sacerdocio de la mujer.

4) La madurez del laicado.

El reconocimiento del valor del sacerdocio común de los fieles, la corresponsabilidad de todos los cristianos en la misión única de la Iglesia, exigen la presencia activa de la mujer en todos los ministerios eclesiásticos. Los que así argumentan dicen que el problema consiste simplemente en dar todo su verdadero valor al sacerdocio común de los fieles. Ha llegado el momento histórico-concluyen-de que la comunidad confíe a cualquiera de sus miembros, según las circunstancias, cualquier ministerio y presidencia sin discriminación alguna.

Se revela aquí una óptica clerical que lleva a concebir el sacerdocio ministerial como un ascenso en el escalafón eclesiástico, como una potenciación de la vocación cristiana, como la meta-en fin-de un carrera, ignorando la realidad eclesial y sumamente eficaz de una existencia cristiana plenamente secular.

De ahí que el Santo Escrivá de Balaguer, que ha dedicado su vida a defender la plenitud de la vocación cristiana del laicado, de los hombres y de las mujeres corrientes que viven en medio del mundo, y por tanto a procurar el pleno reconocimiento teológico y jurídico de su misión en la Iglesia y en el mundo, se haya sentido impulsado a señalar que el cristiano corriente, hombre o mujer, puede cumplir su misión específica, también la que le corresponde dentro de la estructura eclesial, sólo si no se clericaliza, si sigue siendo secular, corriente, persona que vive en el mundo y que participa de los afanes del mundo.

Pero, además, el argumento aludido revela también la confusión entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, error que se incluía ya en el repertorio herético de Lutero. La diferencia esencial, y no de grado, entre ambos, ha sido manifestada frecuentemente por el Magisterio Eclesiástico.

Hemos considerado los principios fundamentales que responden a los argumentos más significativos; podrían añadirse otras razones de conveniencia, pero serian accidentales: lo que importa esencialmente es cómo Dios ha dispuesto las cosas; Dios ha dispuesto los miembros en el cuerpo, que es la Iglesia, y sólo Dios sabe las razones que tuvo para hacerlo.

Misioneras de Jesús Verbo y Victima (anécdotas misioneras)

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Presentamos los relatos de las hermanas como “anécdotas misioneras” de una trayectoria de misión en los lugares alejados, abandonados y pobres que carecen de sacerdote, según el carisma de su congregación. Las anécdotas describen la total entrega de vida en austeridad, sacrificio, abnegación y alegre servicio de las hermanas Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (MJVV) en tierras de misión,  compartiendo sus vidas con los más pobres y necesitados.

“Sereis luz en el Señor…” (cf. Mt. 5, 14)
Nuestro trabajo es dedicar nuestra vida como misioneras a favor de los más pobres y necesitados, dedicándonos de manera especial a la evangelización y asistencia social en la medida de nuestras posibilidades. Esto lo podemos realizar con eficacia, contando con la generosidad de nuestros benefactores. De este modo venimos trabajando más de 23 años en la parroquia San José de las Tinajas, al término de lo cual podemos dar gracias a Dios por el crecimiento espiritual de nuestros fieles, no así en el orden material, por la misma situación de nuestro país.

Debido a esto en nuestras misiones podemos compartir la carencia de nuestra gente, hasta en lo elemental como son el agua y la luz. La zona de misión no cuenta con fluido eléctrico, por lo mismo no podemos hacer uso de ventiladores ni de calefacción en tiempo de invierno. Las familias acostumbran a alumbrarse con “mecheros” de kerosene o gasoil, es un pequeño frasco con una tela enrollada (confeccionado por ellos mismos) y lo usan escasamente procurando ahorrar el combustible, bien se sabe que la falta de luz es ambiente propicio para que las vinchucas se reproduzcan, pero no tienen otra alternativa. Y nosotras estamos dispuestas a compartir con ellos dicha pobreza. En nuestros largos años de misión experimentamos la alegría de poder servir a Dios en nuestros hermanos más pobres, pero también sentimos la impotencia y las limitaciones de no poder hacer algo más por ellos.

Seguimos extendiendo el reino de los cielos mediante nuestras acostumbradas misiones
Hace poco visitamos cinco comunidades para el día de los difuntos, días anteriores había llovido muchísimo, no obstante teníamos que llegar a dichos lugares, ya que nuestros fieles nos esperaban pues para ellos es este un día muy sagrado, por el afecto que los une con la persona fallecida. De modo que aún en medio del agua teníamos que llegar. Los caminos cuando llueve son pésimos, se estanca el agua por una semana o más tiempo, y al no existir otro modo de llegar a los pueblos, la única alternativa es entrar en el agua, recorriendo largos kilómetros con el temor a ser sorprendidas por alguna “víbora de agua” que no dejan de existir en estos lugares. Después de esta dura aventura que nos lleva varias horas, por fin llegamos a nuestro destino, mojadas, llenas de barro y muy cansadas como es de suponer; pero todo esto se esfuma pronto, cuando vemos que de unos ranchos ocultos, por caminos silenciosos van saliendo nuestros fieles encaminándose a la Capilla, en cuya torre se levanta una campana de bronce, la que con alegre resonancia replica una y otra vez, anunciando la visita de “Jesús Eucaristía”: ¡Dios está aquí, venid adorémosle!

Congregados todos los de buena voluntad, las misioneras nutrimos dichas almas con la predicación de la Palabra de Dios y administramos la Comunión, luego hacemos reunión con los jóvenes o con algún grupo en particular, tratando de compartir momentos muy gratos y esperanzadores para todos. Terminado el día la misionera eleva sus últimas oraciones a Jesús Eucaristía, agradeciendo por todo lo vivido, por la oportunidad de sacrificarse y dar la vida por aquellas almas, a quien Dios tanto ama.
Con el pensamiento puesto en Dios y en las almas a ella encomendadas, descansa la noche en una pieza adjunta a la Capilla, pero muchas veces, compartiendo el mismo techo de la gente, pasamos la noche durmiendo en catres, camas confeccionadas por ellos mismos con madera y cuero de vaca, ubicados a la intemperie bajo un cielo estrellado cuando hace mucho calor, o de lo contrario en una pequeña pieza, con techo de ramas, desde donde se desprenden nuestras amigas las vinchucas. Dicha habitación, generalmente, la compartimos también con algunas gallinas o patos que buscan ese lugar para poner sus huevos o pasar su período de incubación. Y a la mañana siguiente somos saludadas por unos enormes sapos que también han prestado su tiempo “para hacernos compañía durante la noche”. Pero a nosotras, como ya estamos acostumbradas, no nos causa esto extrañeza, además para un cuerpo cansado por la misión del día, llegada la noche no hay lugar de preferencia, aceptamos lo que la gente nos ofrezca: “Nos hacemos todo a todos, para ganarlos para Cristo”. (cfr. 1ª Cor. 9, 19)

“Que hermoso es que los hermanos vivan juntamente” (Sal. 133, 1)
Después de nuestras acostumbradas misiones, de haber recorrido 20 ó 30 Km. en bicicleta, o algunas veces en sulky o zorra. Después de haber dado a Jesús a los demás, a través de la palabra o de algunos sacramentos que la iglesia nos permite administrar. Después de esas arduas misiones volvemos a casa, nuestro convento.

Qué alegría de volver a encontrarnos con nuestras hermanas, en nuestra Comunidad nos esperan corazones kaiserinos, almas generosas que comparten con amable atención nuestras alegres experiencias, haciendo de este modo de nuestros recreos comunitarios una “fuente de alegría” animándonos mutuamente para seguir sirviendo a Jesús sin desmayar. Todo esto a cada una nos hace sumamente felices; una vez más podemos decir: “No hay mayor amor que dar la vida por los demás” (Jn. 15, 13). Que hermoso es ser misionera, bendita gracia que el Señor concedió a cada MJVV.

En cada lugar misión, vivimos 6 ó 7 religiosas, formando una comunidad fraterna, procurando con nuestra vida dar una razón y respuesta a todo aquel que nos pregunte sobre la excelencia de nuestra vocación. La misión la realizamos durante todo el año y siempre a partir de una vida contemplativa y comunitaria, según el espíritu de nuestro Padre Fundador: “Vivan siempre juntas y alegres”.

“Es hermoso ver bajar de la montaña los pies del mensajero que anuncia la paz” (Is. 52, 7)
En una mañana de verano, cuando el sol sale con verdadero ritmo de chacarera nosotras con nuestras bicicletas cargadas, sombrero y cantimplora emprendemos una vez más nuestros largos recorridos, visitando las distintas comunidades de la Parroquia. Algunas están a 10, 20 ó 35 Km. A las poblaciones más distantes vamos en vehículo y luego nos vamos desplazando en bicicleta, con la intención de llegar a todos. Varias horas transitamos por unas pequeñas huellas, internándonos en estos espesos montes, la mayoría son zonas vírgenes, la nota característica de estos lugares es la soledad y el silencio que envuelven a toda la naturaleza, largas horas pedaleamos en silencio, dando gracias a Dios, por el privilegio que la Iglesia nos concede al ser portadoras de Jesús Eucaristía, a quien llevamos sobre nuestro pecho en unas pequeñas píxides, El es nuestra grata compañía y fortaleza en estos caminos polvorientos o llenos de agua en tiempos de lluvia. Qué gran alegría experimenta una al ser adoradora de Jesús sacramentado en estas horas solitarias y silenciosas de nuestra misión “No estamos solas, él va con nosotras”.

Misioneras de Jesus Verbo y Victima

Vivir en este monte santiagueño es como vivir en el paraíso, ya que nuestro silencio muchas veces interrumpido por nuestras amigas las víboras, que salen a los caminos para sorprendernos, que susto al encontrarnos con ellas inesperadamente, pero todo es cuestión de acostumbrarse y perderles el miedo, porque en la misión en tiempo de verano nos vemos generalmente acompañadas por ellas. Recuerdo que un día al estar cenando en casa de una familia y después de la sobremesa, nos disponíamos a retirarnos y, al ponernos de pie, vislumbro a la luz de la luna algo enrollado, inclinándome más puedo observar a una gran víbora que había estado, desde que hora será, junto a la pata de la mesa presenciando nuestra cena… gran susto nos hemos llevado, gracias a Dios no pasó nada. También existen gigantes boas, se alimentan de animales domésticos, gallinas, cabritos, etc. perjudicando la economía de las familias. Con gran pena me contaba doña Marina un día: “Estos animales acaban con mis cabritos”, es una lástima, cuánto sacrificio tiene que pasar para criar sus animalitos y muchas veces no es para provecho de la familia.

“Sed pan partido que se da a los demás”
Nuestra misión no está limitada en el orden espiritual, también atendemos en el aspecto social en la medida de nuestras posibilidades, porque no podemos decir: “Idos en paz calentaos y hartaos, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?” (Sant. 2, 16)

Llevados de esta realidad, la caridad de Cristo nos apremia para socorrer al pobre, al indigente. Por eso atendemos comedores infantiles, como enfermeras aliviamos el dolor corporal del que sufre. Acompañamos muy de cerca en las dificultades y pruebas de cada familia. Damos cursos de educación familiar, fomentando en los jóvenes nuestros ideales de vida, cuánto deseamos que nuestros jóvenes no sean un “hachero más” de esta triste historia, sino que sepan buscar nuevos horizontes tratando de superarse.

Hace poco, hablando con un padre de seis hijos en su campo de trabajo, nos contaba todo el sacrificio que pasan y decía: “Mis abuelos han trabajado en este obraje, mi padre lo mismo, yo también, pero tanto le ruego a Dios que mis hijos sean otra cosa, ellos tienen que estudiar, salir de este monte para que su historia sea distinta”, nosotras por nuestra parte felicitamos esta forma de pensar y los animamos a poner todos sus esfuerzos para que esto se haga realidad. A nuestros jóvenes la falta de recursos les trunca, muchas veces, la posibilidad de plantearse nuevos ideales de vida, ya que se ven imposibilitados de realizarse proyectándose hacia un futuro mejor.

Monseñor Federico Kaiser
A nuestro fundador le debemos una profunda “gratitud”, ya que con su vida, predicación y escritos, trató de modelar nuestras almas, despertando una ardiente pasión por la santa Iglesia, a la que amaba tanto. El mismo decía: “Mi pasión es la Iglesia”. Nos demostró con su vida y misión este encendido amor filial que guardó a su amada esposa, la Iglesia, su misma congregación tiene su origen en este amor. El, como “buen pastor”, trabajó incansablemente por su prelatura de Caravelí, Perú, tenía una convicción muy real al decir que “cada alma vale toda la sangre redentora de Cristo Jesús” y conforme a ello obró, por eso lo vimos dando la vida en sus infatigables misiones, desde muy joven como sacerdote, y más tarde, como obispo.

El programa de su vida está cifrado simplemente en dos palabras: “Verbo y Víctima” (lema de su escudo), sus manuales. Biblia y Cruz. En dichas palabras está contenida toda la espiritualidad de su congregación, como fruto de un verdadero seguimiento a Jesús Verbo, Palabra eterna del Padre y a Jesús, Víctima de los pecadores.

MISIONERAS DE JESUS VERBO Y VICTIMA

Misioneras de Jesus Verbo y Victima

Estos días he estado por Caraveli, provincia ariquepeña mas conocido como “El jardín del sur”,  allí existe un gran centro vocacional. Me refiero a la “MISIONERAS DE JESUS VERBO Y VICTIMA” una congregación con menos de 50 años de fundación y que cuenta con más de 400 religiosas que trabajan en el Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay,  y otros lugares del mundo.

Es un lugar para valientes, para aquellas jóvenes que buscan el verdadero sentido a su vida, para aquellas que no se quieren quedar con lo accidental, sino que buscan en lo profundo. Son variadas como las flores de un jardín. Pero todas llevan una misma savia: el amor de Cristo.

¿Quiénes son?

caraveli-0311Son religiosas, cuya congregación fue fundada por Monseñor Federico Kaiser en 1961 y que desde 1982 es de derecho pontificio.

Trabajan en lugares donde no hay sacerdote, donde la gente es más olvidada, alivian el abandono, mitiga el hambre de pan y de Dios, realizando estas labores:

  • Enseñando las verdades religiosas.
  • Administrando bautismos.
  • Celebrando la Liturgia de la Palabra.
  • Administrando la sagrada comunión.
  • Asistiendo matrimonios.
  • Atendiendo enfermos y moribundos.
  • Asistiendo velorios y dirigiendo entierros.
  • Formando y guiando catequistas.
  • luchando contra la ignorancia y el pecado.

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Algunas se capacitan técnicamente como enfermeras, obstetrices y dentistas.

También enseña a la gente:

  • Educación familiar, costura, tejidos, etc
  • Pequeñas artesanías.
  • Primeros auxilios
  • Alfabetización
  • Combaten el alcoholismo y el cocaísmo.
  • Por ello la formación abarca un año de postulantado, dos años de noviciado y tres de juniorado.
  • La Biblia tiene en la formación un sitial céntrico y de preferencia, es la fuerza de la vida espiritual.
  • Se ha dicho de ellas:
  • “DONDE TERMINA UNA CARRETERA ASFALTADA, ALLI EMPIEZA LA LABOR DE UNA MISIONERA DE  JESUS VERBO Y VICTIMA”

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La vocación de estas mujeres es fundirse con Dios, cada paso que dan dejan unas huellas imborrables, por que todos sus actos llevan gravados a fuego la impronta del Amor. Tal vez este ejemplo nos ayuda a entenderlos.

Érase una vez un muñeco de sal. Había andado mucho por cálidas tierras y áridos desiertos. Un día llegó a la orilla del mar. Nunca había visto el mar; por eso no acertaba a comprenderlo.

         ¿Quién eres? Pregunto el muñeco.

         “Yo soy el mar”, respondió éste.

         “Pero… ¿qué es el mar?”, volvió a insistir el muñeco de sal.

         “Yo”, respondió el mar.

         “No lo entiendo”, musitó tristemente el muñeco.

         Luego, añadió:

         “Me gustaría mucho comprenderte. ¿Qué he de hacer?”.

         “Es muy sencillo: tócame”, le contestó el mar.

         Y tímidamente el muñeco de sal tocó el mar con la punta de los 2370921037_f171121ba5dedos de los pies. Comenzaba a comprender el misterio del mar…

         Pero de improviso se asustó al darse cuenta de que las puntas de sus pies habían desaparecido.

         “Mar, ¿qué me hiciste?”, preguntó llorando el muñeco de sal.

         “Me has dado algo para poder comprenderme”, contestó sencillamente el mar.

         El muñeco de sal se quedó largo tiempo pensativo… luego comenzó a deslizarse lenta y suavemente en el mar, como quien fuera a realizar el acto más importante de su vida de peregrino. A medida que entraba en el agua, se iba deshaciendo, diluyendo… poco a poco … Al tiempo que seguía preguntándose:

         ¿Qué es el mar, qué es el mar?…  Hasta que una hola lo absorbió por entero.  En ese momento final, el muñeco de sal hizo suya la respuesta del mar: “Soy yo. Yo soy el mar”.

 

La vocación produce una conversión, un  cambio de vida. Ojala que el amor de Dios prenda en muchos corazones valientes y generosos que le sigan sin reservarse nada.

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Querida joven:

 Puede ser que en tu alma asome el pensamiento de ser una de ellas. Tal vez estas por terminar o ya ha terminado la secundaria o ya tiene alguna carrera profesional. Podría ser que Dios te llama, ¿No te gustaría aliviar la miseria espiritual y temporal de nuestros hermanos mas abandonados?

 

¡PONGASE EN CAMINO CON CONFIANZA Y FE!

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La vocación religiosa es una preciosa perla. Le va a costar sacrificios, tal vez no pequeños, pero recuerde: las santas mujeres en la mañana de Pascua se acercaban al sepulcro del Señor, se preguntaban cómo remover la ingente piedra que lo cerraba.  No se les ocurrió solución a su problema. Sin embargo, ellas seguían adelante. Y el Señor resolvió milagrosamente su dificultad. Cuente con Dios y su poderosa gracia. El nunca ordena algo imposible. Y donde abundan las dificultades, allí sobreabundan las gracias auxiliares.

 ¡Lo decisivo es ponerse en camino con esta confianza y fe!

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Si desea mas informes diríjase a:

 

CONVENTO CENÁCULO

Caravelí – Via Chala

Perú.

 

CONVENTO SANTA TERESA

Los Albaricoques 289

Lima 12

Perú

 

Teléfonos: 4363193 –  4356599