Via Crucis en Pacarán – Zúñiga

“Vía Crucis” latín de “Camino de la Cruz” . También conocido como “Estaciones de la Cruz” y “Vía Dolorosa”. Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. El camino se representa con una serie de imágenes de la Pasión o “Estaciones” correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación. En la Parroquia de Pacarán se lleva a cabo todos los viernes de cuaresma a las 5:00pm.

En Zúñiga está distribuido de la siguiente manera:

Viernes 20 de Marzo: Campanahuasi

Viernes 27 de Marzo: Zúñiga Pueblo

Viernes 03 de Abril: Buenos Aires

Entre los dias de semana: Apotara, Romaní y Machuranga

Cuaresma: dar y recibir amor

Yo enseñé a caminar a mi pueblo, tomándole por los brazos, pero no sabían que yo los cuidaba. Los atraía con cuerdas humanas, con lazos de amor; yo era para ellos como las personas que alzan a un niño contra su mejilla; me inclinaba y le daba de comer.
¿Cómo voy a entregarte, pueblo mío?, ¿cómo dejarte a tu suerte?.
Mi corazón se convulsiona dentro de mí y al mismo tiempo se estremecen mis entrañas ¡de tanto amor que os tengo!. Os 11, 3-4.8
El hombre sin Dios recorre caminos, recorre ciudades, vive experiencias, vive de un lado para otro… no tiene frenos, no tiene límites, su estado de ánimo es el compás, la brújula de sus pasos.
Luego muere, nunca hizo nada verdaderamente útil por sí o por el mundo.
Este miércoles 25 de Febrero es Miércoles de Ceniza, con el cual se inicia la Cuaresma.
Lo triste es que la gente ya ni siquiera asiste a la imposición de la ceniza; estarán muy ocupados, cansados, ajetreados, o simplemente no quieren… han descreído de un Dios que los ama, de un Dios que les quiere.
La ceniza recuerda que se es polvo, que se es, por lo mismo, frágil; que se es, no un pecador, sino simplemente alguien que ha herido a los Corazones más sublimes que han latido: los de Jesús y María.
No se asiste a la Iglesia el Miércoles de Ceniza sólo por obligación, sólo porque así dice el sacerdote… ese ir, ese querer reconocer que se es polvo, que se es fragilidad, es un acto de amor.
No es para que vean que se tiene impuesta la ceniza; es para reparar, es para decirle a ese Dios tan bueno: Mira, lo siento, no he sabido llevar las cosas.
Sé que te he lastimado, he hecho que derrames lágrimas, pero aquí estoy para resarcir, para subsanar, vengo a curar tus heridas, a que tu corazón, Dios mío, reciba amor.
La Cuaresma es para dar amor, porque: Amor con amor, se paga Un amor que se ha de expresar a Dios a través de pequeños ratos de oración, de palabras sencillas. Un “Te quiero, Jesús”, al menos una vez al día; un “Te amo, María”, al menos antes de irse a dormir… no es necesario nada grande, ni exagerado; Dios gusta de las buenas intenciones, no de las largas intenciones. Un amor que se ha de expresar a Dios de manera indirecta, es decir, a través del prójimo.
“Antes veía a tal persona de manera prepotente, hoy, porque te amo Jesús, no lo haré”.
“Antes negaba mi ayuda, hoy porque te quiero María, seré solícito ante las necesidades de los demás”.
Un amor que se expresa dejándose amar por Dios, dejándose perdonar por Él, dejándose acompañar por la presencia que ama, por la presencia que me quiere. Amor, amor, amor…
Cuaresma no es para estar tristes, llorando y usando sayales, ¡por Dios NO!. Cuaresma es para andar riendo, sonriendo, cantando, porque sólo cuando se es feliz, se es capaz de dar AMOR, y cuando se da amor, se repara a Dios.

Miercoles de Ceniza: inicio de la cuaresma

El miércoles de Ceniza es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de conversión a Dios.

Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

El origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica. Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales: imposición de la ceniza y ayuno riguroso.

La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la ceniza se inspiran en la Escritura: Génesis, 3, 19 y Marcos 1, 15.

La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la recibirán.

El simbolismo de la ceniza es el siguiente:

a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;

b) Situación pecadora del hombre;

c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;

d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo;

La ceniza es el residuo de la combustión por el fuego de las cosas o de las personas. Este símbolo ya se emplea en la primera página de la Biblia cuando se nos cuenta que “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gen 2,7). Eso es lo que significa el nombre de “Adán”. Y se le recuerda enseguida que ése es precisamente su fin: “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19).

Por extensión, pues, representa la conciencia de la nada, de la nulidad de la creatura con respecto al Creador, según las palabras de Abrahán: “Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor” (Gn 18,27).

Esto nos lleva a todos a asumir una actitud de humildad (“humildad” viene de humus, “tierra”): “polvo y ceniza son los hombres” (Si 17,32), “todos caminan hacia una misma meta: todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo” (Qo 3,20), “todos expiran y al polvo retornan” (Sal 104,29). Por lo tanto, la ceniza significa también el sufrimiento, el luto, el arrepentimiento. En Job (Jb 42,6) es explícítamente signo de dolor y de penitencia. De aquí se desprendió la costumbre, por largo tiempo conservada en los monasterios, de extender a los moribundos en el suelo recubierto con ceniza dispuesta en forma de cruz. La ceniza se mezcla a veces con los alimentos de los ascetas y la ceniza bendita se utiliza en ritos como la consagración de una iglesia, etc.

La costumbre actual de que todos los fieles reciban en su frente o en su cabeza el signo de la ceniza al comienzo de la Cuaresma no es muy antiguo.

En los primeros siglos se expresó con este gesto el camino cuaresmal de los “penitentes”, o sea, del grupo de pecadores que querían recibir la reconciliación al final de la Cuaresma, el Jueves Santo, a las puertas de la Pascua. Vestidos con hábito penitencial y con la ceniza que ellos mismos se imponían en la cabeza, se presentaban ante la comunidad y expresaban así su conversión.

En el siglo XI, desaparecida ya la institución de los penitentes como grupo, se vio que el gesto de la ceniza era bueno para todos, y así, al comienzo de este período litúrgico, este rito se empezó a realizar para todos los cristianos, de modo que toda la comunidad se reconocía pecadora, dispuesta a emprender el camino de la conversión cuaresmal.

En la última reforma litúrgica se ha reorganizado el rito de la imposición de la ceniza de un modo más expresivo y pedagógico. Ya no se realiza al principio de la celebración o independientemente de ella, sino después de las lecturas bíblicas y de la homilía. Así la Palabra de Dios, que nos invita ese día a la conversión, es la que da contenido y sentido al gesto.

Además, se puede hacer la imposición de las cenizas fuera de la Eucaristía -en las comunidades que no tienen sacerdote-, pero siempre en el contexto de la escucha de la Palabra