Buenos Aires – Zúñiga (Picamarán)

 catequesis buenos aires

 

Hay personas que conocen el arte de cultivar flores en su jardín, logrando muchas veces maravillas de color: rosas abundantes y frescas, tulipanes risueños, bugambilias y jacarandas en flor.

En el jardín del alma se pueden cultivar otras flores como el amor, la esperanza y el optimismo. Las flores de tu jardín alegran tu vida. Planta flores, planta amor, esperanza y optimismo. Verás como en tu alma brilla una perenne primavera. Si aquí descubres algunas flores para tu jardín, córtalas; son tuyas.

Estoy convencido de que el favor más grande que podemos hacer a millones de seres humanos consiste en convencerlos de que pueden ser mejores de lo que son, subir más arriba, salir del hoyo, convencerlos de que pueden cambiar.

Entre los maestros que he tenido, a los que más agradezco no son los más sabios o mejor dotados, sino los que me convencieron que podía aprender latín o griego, escribir o ser orador, o simplemente cantar.

Quiero decir y gritar a todos los que pueda – aunque no sea yo un gran maestro – que sí pueden leer, escribir y cantar, que son capaces de aprender matemáticas, física y química, que pueden mejorar en la vida, cambiar y ser buenos. Y sé que miles de hombres lo agradecerán eternamente.

Estos niños como muchos partipan en la catequesis.

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Acabo de leer en ACI digital, un artículo que además de gustarme mucho, me ha sorprendido. En el mismo, se cuenta como fueron las primeras catequesis de la Iglesia originaria. El experto en historia de la Iglesia, Domingo Ramos-Lissón, explica que la tarea de catequizar a los primeros cristianos, era muy distinta a la de la Iglesia actual. Y cuenta como dato curioso, que para bautizarse existían ciertas profesiones que impedían a alguien inscribirse como catecúmeno.
“Si seguimos el itinerario de alguien que desea hacerse cristiano en el siglo IV, nos encontraremos con un primer examen sobre su estado de vida, condiciones familiares y profesionales del aspirante”,y además “algunas situaciones familiares, como la poligamia y el concubinato, o de tipo profesional, como ser actor teatral, mago, guardián de ídolos, gladiador y algunos otros oficios, impedían que esa persona se inscribiera entre los catecúmenos. Evidentemente si cambiaba su situación familiar o profesional podrían inscribirse”.
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Salvando que algunas de aquellas profesiones ya no existen, gladiador por ejemplo; dos mil años después, se puede decir que las cosas tampoco han cambiado tanto. Muchas de aquellas situaciones personales irregulares, como el concubinato, hoy están a la orden del día en su versión corregida, aumentada y hasta tolerada. Y aún así, hay quienes pretenden corregir la plana a la Iglesia, pretendiendo cambiar sus normas, incluso desde dentro.
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Matute es un niño de 10 años, si Dios quiere el año que viene, me imagino que por Mayo, hará su Primera Comunión. Para ello, está asistiendo a la catequesis todas las semanas.
Considero que es algo necesario, porque para asimilar y creer el plan salvador que Dios tiene para los hombres, aunque el cristianismo no es ninguna ideología, si es preciso aprender la teoría, los dogmas y luego experimentar en la vida lo aprendido en esas enseñanzas. Esa experimentación lleva su tiempo, y digamos que es una evaluación continua, que cuesta a unos más y a otros menos, y además no acaba cuando hemos recibido por primera vez el Cuerpo de Cristo. Y esto hay que tenerlo también en cuenta.
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La verdadera experiencia religiosa llega conforme el hombre va caminando y puede encontrar respuestas en base a los conocimientos adquiridos, objetiviza cada situación y le da un nivel de trascendencia que va más allá de sus primeras posibilidades cognoscitivas. Pero, para llegar a esos niveles, se hace necesaria la catequesis para sentar las bases en las que apoyar esas conclusiones posteriores.
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En la Congregación General del Sínodo de los Obispos que se está celebrando estos días en el Vaticano se ha tratado, entre otros temas, de la necesidad de hacer llegar mejor las Sagradas Escrituras a las personas y de la urgencia de mejorar la catequesis como medio fundamental para lograr acercar a los fieles a la Palabra de Dios.
“Sólo a partir de una seria, auténtica y renovada catequesis, la Iglesia podrá desplegar sólidamente toda la amplitud de elementos y funciones de su acción evangelizadora”, ha dicho uno de los padres sinodales, precisamente el español Antonio Cañizares, Arzobispo de Toledo y Primado de España.
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Así, dados los tiempos que corren, la Santa Iglesia Católica, como Madre, propone dar más importancia a la formación y preparación de los cristianos en la fé que profesan. No se trata, de volver a aquellos primeros tiempos de la Iglesia naciente, ni de rescatar el Astete o el Ripalda, pero sí de retomar la esencia de aquel cristianismo que empujaba valientemente por salir de la oscuridad hacia la luz, con ayuda del conocimiento de Dios, al trato con Él en la oración y a la frecuencia de los Sacramentos sabiendo en cada momento lo que significan y porque los practicamos.
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Es obvio, que considero de máxima importancia y que agradezco a los Obispos esta preocupación por volver a reconquistar esa parcela que se estaba perdiendo.
De muchos es sabido que, la enseñanza de la Religión en muchos centros educativos, salvando los religiosos o confesionales, es mínima, casi siempre ha sido una de las asignaturas calificadas de “relleno”. No se les presta ningún apoyo, por parte de las autoridades y cada vez se da menos relevancia en compensación a la que le dan a los “cursos de ciencias”. Pero, es que esas carencias educativas, también están llegando a nuestras Parroquias.
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De un tiempo a esta parte, se observa, como somos los mismos cristianos, los que vamos restando importancia al conocimiento de nuestras propias creencias. Y si esto es así, ¿Qué vamos a esperar de los demás?.
Mientras que en los colegios, a los profesores de la asignatura de Religión se les exige un certificado de idoneidad expedido por la ODEC, para impartir clases, vale la voluntad de la persona, sin tener en cuenta ni la formación, ni las intenciones (supuestamente buenas) del aspirante, para enseñar a nuestros chicos.
Las consecuencias, luego están en los resultados. Se pasan las clases dibujando y contando bonitas historias bíblicas, que están muy bien, pero de doctrina, muy poquito.
Después de la preparación para la Primera Comunión, los niños no se saben ni las oraciones básicas, les cuesta explicar lo que es Sacramento o conceptos como el de pecado; y de las bienaventuranzas y los Mandamientos, para que hablar.
Y es que, si se rasca un poco en el trato con los catequistas o maestros, muchas veces, como siempre, salvando excepciones muy honrosas, encontramos personas, con buenísima intención pero con una fé y unos conocimientos espirituales tan inmaduros, como muchos de nuestros niños…. ¡que decir, cuando niegan la autoridad papal!, oído por mí, de viva voz; o le quitan importancia a los Mandamientos como la confesión, porque Dios perdona todo y se puede comulgar en cualquier momento y ocasión.
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En los niños y en los jóvenes está el futuro del mundo y el futuro de la Iglesia, y si queremos que el mundo tenga la transformación positiva que necesita, donde triunfe el Amor y se cumplan los planes de Dios, es hora de empezar a regar la raíz con agua límpia y no contaminada. Con aquellos torrentes de gracia y sabiduría con la que se empapó la Iglesia primitiva, con la buenas enseñanzas de aquellos primeros Apóstoles, y con el cumplimiento de todos los preceptos, por amor a Dios y a los hombres.
Los Obispos, con la sabia dirección del Santo Padre, han hablado, han dado sus directrices y esta necesaria llamada de atención; a partir de ahora, todos somos Iglesia, todos somos responsables de lo que ocurra en la Iglesia y en el mundo. La pelota está en nuestro tejado y exige de todos, clerigos y seglares, una respuesta consecuente y contundente, decidida y con fidelidad a nuestro credo.