El monje y el pastor

 

Un monje llamado Tauber, famoso por su mucha virtud, encontrase un día con un pobre pastor de ovejas. El buen monje se puso a charlar con él.

 

A la pregunta de quién era, contestó el pastor: “Yo soy un rey”.

El monje añadió enseguida: “Y ¿dónde están vuestros reinos?”.

Y el pastor: “Mi reino está en mi corazón”.

El monje prosiguió: “¿Y vuestros súbditos?”.

Y el pastor: “Mis súbditos son mis deseos, inclinaciones y pasiones, a los que procuro dominar con mano dura”.

 

Maravillado en extremo se quedo el monje al oír unas palabras tan llenas de prudencia en boca de aquel rústico, que sin duda las oyó en algún sermón o las leyó en alguna parte. Ocupado el espíritu por aquellas palabras del pastor, prosiguió el buen monje su camino mientras andaba diciendo para sus adentros: “¡Ojalá hubiese muchos reyes de estos y yo fuese uno de ellos!”.

Quien acierta a dominar los impulsos desordenados de su propio corazón, es verdaderamente un rey.