Cachuy: una fiesta de fe

Fue a mediados del siglo XVIII, en lo alto del cerro agreste y escarpado de la provincia de Yauyos.  Según una antigua tradición nos cuenta que allí se apareció del Señor a Martín Barrios, un humilde labriego que cuidaba sus vacas.

 La imagen fue llevada a Putinza y colocada solemnemente en la Iglesia; pero en la noche la imagen regresó misteriosamente al lugar donde se había aparecido.

Y en Cachuy se construyó la primera capilla en honor al Señor de la Ascensión.

Desde entonces, por estas fechas Cachuy se viste de fiesta todos los años para recibir a miles de peregrinos que van llegando de todas partes.

Costa, sierra y selva se confunden en un abrazo de fervor y devoción a los pies del Señor.

La subida es dura y penosa, el caminar lento y fatigoso. Pero en todos hay una ilusión: Llegar al Santuario, ver al Señor.

Esto nos recuerda a todos:

Jesús ha subido al cielo, y nosotros también iremos algún día al cielo con El, si hacemos su voluntad.  Que esta peregrinación te sirva para reflexionar, para hacer de ti una persona mejor más fiel y entregado a Dios, siendo un católico coherente.

Cuando te cueste cumplir tus deberes, hacer el bien y vencer las tentaciones, acuérdate del cielo, de tu Padre Dios que te espera.

Esto no es una excursión

Es una peregrinación, es sacrificio y penitencia,

Es arrepentimiento de los pecados.

Es conversión a Dios.

Es confesión y comunión.

Es fe, devoción y fervor

Es vida cristiana.

 Lo más importante de esta peregrinación es: participar en la SANTA MISA, hacer una buena CONFESION y recibir la EUCARISTIA.

El verdadero SEÑOR, está en el cielo en la tierra y en todo lugar; en cachuy solo está su imagen que  requiere veneración y respeto.

 Que el Señor le bendiga y allá nos vemos.

Peregrinación al Santuario del Señor de Cachuy


Hablar del peregrinaje hacia el Santuario de Cachuy, es necesario relacionar el carácter que imprime en las personas sus raíces culturales presentes en todas sus manifestaciones, evidentemente tendríamos que fijamos en la manifestación de fe de una aislada comunidad que sorprendida por la sobrenatural aparición de la Imagen del Señor de la Ascensión dentro de su habitual medio de vida, comienza su relación con Dios a través de un culto sembrado por la tradición y la innata presencia divina en la que erige como representación.

El caminar por las huellas de un agreste sendero, soportando sed, hambre, cansancio, soledad en muchas de las veces, desplazándose desde lejanos puntos de su lugar de origen para llegar a los pies de la sagrada Imagen, pidiendo favores o dando gracias por lo recibido, parece que reproduce los bíblicos pasajes de la aparición pública de Jesús, seguido y buscado por los que esperaban de El la sanación de sus males y solución para sus problemas, hasta el camino hacia el Gólgota, en donde se queda establecido de que allí nos perdono hasta la más vil de las maldades, con amor de Padre misericordioso, que no separo a nadie entonces, mucho menos a quien con tanto sacrificio, con los pies sangrantes y lagrimas de arrepentimiento, le prende una vela acompañada de unas oraciones, aromadas con naturales flores, como ofrenda intima de haber cumplido con algunas promesas hechas.

Pero la sensación mayor que deja el peregrino, es cuando emprende el regreso a casa, si pudiéramos mirar los miles de rostros con que nos cruzamos, veríamos que hay algo nuevo en ellos, que hay una conformidad, que se ha cumplido con ordenar toda una vida con ese intenso instante vivido, que se tiene una nueva esperanza de estar con Dios a mi manera. Para muchos, de los que emprendemos este caminar, en cualquier latitud Cristiana como la de Cachuy, se conjuga con la oportunidad de reencontrarse con los suyos, la familia, parentelas y el calor de la tierra dejada por la empresa de una vida mejor en otros lugares, pero que de ninguna manera los separan de la fuente de vida heredada de sus mayores, por eso regresan una y otra vez. ” Hasta que Tú lo quieras Cachuycito, entonces; te entregaré a mi hijo para que lo cuides y lo guíes como a mi”.

Camino al Santuario de Cachuy – Yauyos (relatos)

¡¡MULA, MULA!! Grito una Tupina (Mujer natural de tupe, uno de los pocos pueblos yauyinos que no fue sometido durante la época colonial al yugo español) mientras pasaba a nuestro lado arreando sus tres mulas cargadas con hierbas medicinas que vendería luego en las afuera del santuario; nuestro reloj marcaba en ese momento las 2:00 a.m. del día miércoles, habían transcurrido seis horas de nuestra partida en el paraje de Canchán y nuestro caminar se hacia cada vez mas lento, las piernas no respondían con la misma fuerza y el intenso frío de la madrugada, parecía haberse puesto de acuerdo con los pedregoso del camino para impedir que avancemos en nuestra peregrinaje.

Casi cinco metros más adelante, la Tupina volvió la mirada para alentarnos manifestando ¡¡Cachuy esta arriba donde vez la luz!! (señalando la última luz que reflejaba de uno de los tambos o puestos de ventas, que son instalado por los lugareños a lo largo de todo el camino a Cachuy) ¡¡ya falta poco, no te detengas¡¡ reitero la mujer que vestía su típico atuendo a cuadros rojos y un pañuelo del mismo color que adornaba su cabeza… era la cuarta vez que escuchaba las mismas palabras y sin mentirles, ya no creía lo que nos decían. Levantamos la mirada y muy a nuestro pesar observaba, como nuestra ocasional compañera avanzaba apresuradamente arreando sus mulas, desapareciendo de pronto entre la multitud de peregrinos que al igual que nosotros; caminaban lentamente cuidándose de los profundos abismos que se abrían a nuestros pies, en una cada vez mas empinada cumbre que parecía nunca acabar.

Continuaba con nuestra peregrinación, sorteando todo tipo de obstáculos, cargando sobre nuestra espalda una frazada enrollada y una mochila de viaje que contenía en su interior, lo necesario para un auxilio medico (frotación, pastillas para el dolor, y uno que otro ungüento) en esa circunstancia nos aunamos a un grupo de jóvenes que caminaban animados por el contagiante ritmo de la tecnocumbia que emitía una radiograbadora a todo volumen. Sigiloso avanzamos siendo parte de una interminable hilera de luces que se formaban en el cerro producto del resplandor de las miles de linternas que alumbraban nuestro caminar nocturno. ¡¡vamos no se queden!!, ¡¡a la siguiente curva te esperamos ¡¡, ¡¡apúrate ya falta poco!!, ¡¡sigue mas arriba descansamos!! era lo que siempre escuchábamos , cuando de pronto alguien dijo ¡¡desde esa piedras se ve Cachuy!!, emocionado aligeramos nuestro caminar y de pronto apareció ante nuestros ojos el brillo de una luz que reflejaba del pueblo mismo de Cachuy. Respiramos con tranquilidad al pensar que nuestro objetivo se encontraba cerca, sin embargo nuestra ilusión no duraría mucho cuando nos avisaron teníamos aun buen trecho que recorrer.
                       
                                  
Resignado a seguir caminando, reanudamos nuestra peregrinación acompañando esta vez a un grupo de estudiantes de la facultad de ciencias de la comunicación de una conocida universidad limeña, ellos con cámaras fotográfica y filmadoras en manos, registraban todo lo que ocurría con los peregrinos, cada interrupción en nuestro caminar era para observar un hecho diferente. Desde una señora con síntomas de soroche o mal de altura, hasta el llanto de los que eran presa fácil de los calambres por el cansancio…más de un peregrino dejaba sentir su malestar por la agotadora caminata ¿por qué te has venido tan lejos cachuycito? Reclamaban en voz alta ¡¡mejor hubiésemos pagado una mula para subir más rápido!! Opinaban algunos. Cuando por enésima vez nos disponíamos a descansar, alguien dijo !!allí es Cantocorral!! , !!lleguemos hasta ese lugar (señalando unas luces) para descansar!!. Eran las 4.20 a.m cuando arribamos a Cntocorral, preparamos las frazadas y algunas bolsas de dormir para acostarnos sobre el frío suelo. Luego de tomarnos varias taza de agua de manzanilla bien caliente.

Un cielo azul despejado, muy hermoso fue lo que observamos luego de despertar, la luz del nuevo día nos permitió apreciar con mayor precisión nuestro lugar de descanso, una interminable hilera de chozas levantado a base de palos y lonas fue lo primero que llamo la atención, sobre el suelo se apreciaba a centenares de frazadas que abrigaban del intenso frío a cientos de peregrinos que al igual que nosotros optaron por descansar en Cantocorral. Mayor fue nuestro asombro cuando notamos que a pocos metros, miles de personas continuaban con su peregrinación por un camino de herradura que no pasaba del metro y medio de amplitud… !!ha levantarse muchachos, tenemos mucho que caminar!! fue la vez que interrumpió nuestro reconocimiento visual. había transcurrido cuatros horas desde que acompañamos en Cantocorral y teníamos que continuar a pesar de algunos malestares en el cuerpo, producto de la agotadora caminata.

De Cantocorral a Cachuy nos tomo caminar tres horas más, en el trayecto divisamos con mayor claridad la abrupta geografía de los andes yauyinos, era increíble pensar como la oscuridad de la noche, nos había permitido avanzar por unos inhóspitos caminos de herradura, que no vario en nada hasta el sector denominado “El Estanque”. Recién desde ahí, el camino se realiza bordeando los cerros sin ningún ascenso, el ultimo tramo se muestra reconfortable al presentarse un camino lineal y no las subidas que fueron las constantes desde Canchan… con el cuerpo adolorido llegamos cerca de las 11:00 a.m al Santuario de Cachuy. Nuestro mayor orgullo haber caminado los 16 km. (*a pesar que demoramos 15 horas) de Canchan al Santuario y participar de los solemnes cultos religiosos en homenaje al milagroso Señor de Ascensión en Cachuy; típico pueblo de la serranía andinas que recibe durante esta festividad a cerca de 45,000 peregrinos y que se encuentra solamente a 200km al Sur-Oeste del departamento de Lima, en la provincia de Yauyos.

*Normalmente sobre camino plano, en una hora se recorre cinco kilómetros.